martes, 29 de marzo de 2016

2. Aquella noche...cuando el amor surgió

LA NEGRA NOCHE
de Emilio D. Uranga

La negra noche tendió su manto,
surgió la niebla, murió la luz;
y en las tinieblas de mi alma triste,
como una estrella, brotaste tú.

Ven, ilumina la árida senda,
por donde vaga loca ilusión.
Dame tan sólo una esperanza
que fortifique mi corazón.

Ya veo que asoma tras la ventana
tu rostro de ángel encantador.
Siento la dicha: dentro del alma
ya no hay tinieblas, ya salió el sol.



AQUEL OLOR…
de Amado Nervo
Era un ‘amiczia “di terra lintana”
Gabriele D’Annunzio


¿En qué cuento te leí?
¿En qué sueño te soñé?
¿En qué planeta te vi
antes de mirarte aquí?
¡Ah! ¡No lo sé… no lo sé!

Pero brotó nuestro amor
con un antiguo fervor,
y hubo, al tendernos la mano,
cierta emoción anterior,
venido de lo lejano.
Tenía nuestra amistad
desde el comienzo un cariz
de otro sitio, de otra edad,
y una familiaridad
de indefinible matiz…

Explique alguien (si lo osa)
el hecho, y por qué, además,
de tus caricias de diosa
me queda una misteriosa
esencia sutil de rosa
que viene de un siglo atrás.



ENVÍO
de Manuel José Othón

En tus aras quemé mi último incienso
y  deshojé mis postrimeras rosas.
Do se alzaban los templos de mis diosas
ya sólo queda el arenal inmenso.

Quise entrar en tu alma, y ¡qué descenso!
¡qué andar por entre ruinas y entre fosas!
¡A fuerza de pensar en tales cosas
me duele el pensamiento cuando pienso!

¡Pasó!... ¿Qué resta ya de tanto y tanto
deliquio? En ti ni la moral dolencia,
ni el dejo impuro, ni el sabor del llanto.

Y en mí ¡qué hondo y tremendo cataclismo!
¡qué sombra y qué pavor en la conciencia,
y qué horrible disgusto de mí mismo!



QUE SEA PARA BIEN…
de Ramón López Velarde


Ya no puedo dudar… Diste muerte a mi cándida
niñez, toda olorosa a sacristía, y también
diste muerte al liviano chacal de mi cartuja.
Que sea para bien…

Ya no puedo dudar… Consumaste el prodigio
de, sin hacerme daño, sustituir mi agua clara
con un licor de uvas… Y yo bebo
el licor que tu mano me depara.

Me revelas la síntesis de mi propio zodíaco:
el León y la Virgen. Y mis ojos te ven
apretar en los dedos – como un haz de centellas –
éxtasis y placeres. Que sea para bien…

Tu palidez denuncia que en tu rostro
se ha posado el incendio y ha corrido la lava…
Día último de marzo; emoción, aves, sol…
Tu palidez volcánica me agrava.

¿Ganaste ese prodigio de pálida vehemencia
al huir, con un viento de ceniza,
de una ciudad en llamas? ¿O hiciste penitencia
revolcándote encima del desierto? ¿O, quizá,
te quedaste dormida en la vertiente
de un volcán, y la lava corrió sobre tu boca
y calcinó tu frente?

¡Oh, tú, reveladora, que traes un sabor
cabal para mi vida, y la entusiasmas:
tu triunfo es sobre un motín de satiresas
y un coro plañidero de fantasmas!

Yo estoy en la vertiente de tu rostro, esperando
las lavas repentinas que me den
un fulgurante goce. Tu victorial y pálido
prestigio ya me invade… ¡Que sea para bien!




PARAÍSO ENCONTRADO
de Jorge Cuesta

Piedad no pide si la muerte habita
y en las tinieblas insensibles yace
la inteligencia lívida, que nace
sólo en la carne estéril y marchita.

En el otro orbe en que el placer gravita,
dicha tenga la vida y que la enlace,
y de ella enamorada que rehace
el sueño en que la muerte azul medita.

Sólo la sombra sueña, y su desierto,
que los hielos recubren y protegen,
es el edén que acoge al cuerpo muerto

después de que las águilas lo dejan.
Que ambos tienen la vida sustentada,
el ser, en gozo, y el placer, en nada.




MI AMOR ESTABA GUARDADO
de Neftalí Beltrán

Mi amor estaba guardado
– siete torres de silencio
guardadas con siete llaves
y siete dragones ciegos –
por tus ojos amarillos
en el corazón, adentro.
Tus ojos fueron un día
causa de un amor eterno.
Romance para tus ojos,
para tus ojitos ciegos
que no vieron nunca el alma,
que sólo vieron el cuerpo.
En ti acabó al iniciarse,
en mí quedó vivo el fuego
y una ternura infinita
quedó para el amor muerto.
La resignación no llega
y hay que esperarla en silencio.
Romance para tus ojos,
para tus ojitos ciegos.



YARAVÍ
de Mariano Melgar

¡Ay, amor!, dulce veneno,
¡ay, tema de mi delirio,
solicitado martirio
y de todos males lleno!

¡Ay, amor!, lleno de insultos,
centro de angustias mortales,
donde los bienes son males
y los placeres tumultos.

¡Ay, amor!, ladrón casero
de la quietud más estable!
¡Ay, amor, falso y mudable!,
¡Ay, que por tu causa muero!

¡Ay, amor!, glorioso infierno
y de infernales injurias,
león de celosas furias,
disfrazado de cordero.

¡Ay, amor!, pero ¿qué digo,
que conociendo quién eres,
abandonando placeres,
soy yo quien a ti te sigo?



RIMAS PARA TUS OJOS
de Federico Bermúdez y Ortega
(Fragmento)

He visto fuegos fatuos en las noches
cruzar el tedio de la sombra opaca,
fingiendo en el misterio de las sombras
como brillante lágrimas de plata.

Lo que no he visto ni en el cielo mismo,
en el encanto de sus noches claras,
es el prodigio de la luz que emerge
de tu pupila misteriosa y rara.





LOS OJOS DE T.
de José Gautier Benítez

Un astrónomo viendo las estrellas
preguntó la razón
de por qué le faltaban las más bellas
a una constelación.

En vano ¡el infeliz! se fatigaba
queriéndolas hallar,
y del cielo a la bóveda miraba
¡qué habría de encontrar!

Cansado de mirar al firmamento
a tus ojos miró.
“¡Por fin!”, exclama, y se marchó contento
pues entonces las vio.





XXVI
SONETO SOBRE LA RED DE AMOR
de Hernando de Acuña

Dígame quién lo sabe: ¿cómo es hecha
la red de Amor, que a tanta gente prende?
¿Y cómo, habiendo tanto que la tiende,
no está del tiempo ya rota o deshecha?

¿Y cómo es hecho el arco que Amor flecha,
pues hierro ni valor de él se defiende?
¿Y cómo o dónde halla, o quién le vende,
de plomo, plata y oro tanta flecha?

Y si dicen que es niño, ¿cómo viene
a vencer los gigantes? Y si es ciego,
¿cómo toma al tirar cierta la mira?

Y si, como se escribe, siempre tiene
en una mano el arco, en otra el fuego,
¿cómo tiene la red y cómo tira?

  

LO MÁS INMATERIAL
de Amado Nervo


Me dejaste – como ibas de pasada –
lo más inmaterial que es tu mirada.

Yo te dejé – como iba tan de prisa –
lo más inmaterial, que es mi sonrisa.

Pero entre tu mirada y mi risueño
rostro quedó flotando el mismo sueño.



EN CADA CORAZÓN
de Juan de Dios Peza


En cada corazón arde una llama
si aún vive la ilusión y amor impera,
pero en mi corazón desde que te ama
sin que viva ilusión, arde una hoguera.

Oye esta confesión: te amo con miedo,
con el miedo del alma a tu hermosura,
y te traigo a mis sueños y no puedo
llevarte más allá de mi amargura.



AMOR
de Manuel Magallanes Moure


Amor que vida pones en mi muerte
como una milagrosa primavera:
ido ya te creía, porque en la espera,
amor, desesperaba de tenerte.

Era el sueño tan largo y tan inerte,
que si con vigor tanto no sintiera
tu renacer, dudara, y te creyera,
amor, sólo un engaño de la suerte.

Mas te conozco bien, y tan sabido
mi corazón, te tiene, que, dolido,
sonríe y quiere huirte y no halla modo.

Amor que tornas, entra. Te aguardaba.
Temía tu regreso, y lo deseaba.
Toma, no pidas, porque tuyo es todo.



IX
PERO TE AMO
de Amado Nervo

Yo no sé nada de la vida,
yo no sé nada del destino,
yo no sé nada de la muerte,
¡pero te amo!

Según la buena lógica, tú eres luz extinguida;
mi devoción es loca, mi culto, desatino,
y hay una insensatez infinita en quererte,
¡pero te amo!





ANOCHE SOÑANDO
de Juan de Dios Peza

Anoche soñando que tú me querías
vi a un ángel del cielo tranquilo bajar,
y luego juntaba tu mano a las mías
y yo te miraba y tú me decías:
“con todo mi pecho te voy a adorar”.
¡Qué vas a adorarme!, mentira, mentira
yo soy la desgracia, sin luz y sin fe…
y entonces el ángel solloza, suspira…
y al irse hasta el cielo, sonriendo te mira,
y luego… llorando de amor desperté.




GLOSA DE MI TIERRA
de Alfonso Reyes
(Fragmento)

Amapolita morada
del valle donde nací:
si no estás enamorada,
enamórate de mí.




COPLAS
de Salvador Rueda

3

Tiro un cristal contra el suelo
y se rompe en mil cristales,
quiero borrarte del pecho
y te miro en todas partes.

7

Aprovecha tus abriles
y ama al hombre que te quiera,
mira que el invierno es largo
y corta la primavera.

8

Para alcanzar las estrellas
ronda el cisne la laguna;
en el mar de los amores
yo soy cisne y tú eres luna.

9

A la luz de tu mirada
despido mis penas todas,
como a la luz de los astros
la hoja despide la sombra.

12

Cuando eche mi cuerpo flores
sólo una cosa te pido,
que las pongas en el pecho
donde no pude estar vivo.

17

Tengo los ojos rendidos
de tanto mirar tu cara,
si los cierro, no es que duermen,
es tan sólo que descansan.

18

Tus ojos son un delito
negro como las tinieblas,
y tienes para ocultarlo
bosques de pestañas negras.




EL AMOR NUEVO
de Amado Nervo


Todo amor nuevo que aparece
nos ilumina la existencia,
nos la perfuma y enflorece.

En la más densa oscuridad
toda mujer es refulgencia
y todo amor es claridad.
Para curar la pertinaz,
pena, en las almas escondida,
un nuevo amor es eficaz;
porque se posa en nuestro mal
sin lastimar nunca la herida,
como un destello en un cristal.

Como un ensueño en una cuna,
como se posa ya en la ruina
la piedad del rayo de la luna;
como un encanto en un hastío,
como en la punta de una espina
una gotita de rocío…
¿Qué también sabe hacer sufrir?
¿Qué también sabe hacer llorar?
¿Qué también sabe hacer morir?
– Es que tú no supiste amar…




CANCIÓN
4
de Juan Boscán

Es tal y tan verdadera
mi pena por conocerte
que, si menos te quisiera,
yo quisiera no quererte.

Que un nuevo caso de amor
ordenas que en mí comience:
combatirme el desamor,
adonde el amor me vence.

No es mucho, pues tan entera
es mi pena en conocerte,
que, si menos te quisiera,
yo quisiera no quererte.



ESCALA DE AMOR
de Jorge Manrique

Estando triste, seguro,
mi voluntad reposaba,
cuando escalaron el muro
en donde libre yo estaba:
a escala vista subieron
tu belleza y tu mesura,
y tan recio me hirieron,
que vencieron mi cordura.

Luego todos mis sentidos
huyeron a lo más fuerte,
mas iban ya mal heridos
con sendas llagas de muerte;
y mi libertad quedó
en tu poder oprimida;
pero placer tuve yo
al saber que estaba viva.

Mis ojos fueron traidores,
ellos fueron complaciente,
y fueron provocadores
de que entrase aquella gente;
las altas torres tenían,
y nunca dijeron nada
de todo lo que veían,
ni aviso de la escalada.

Desde que hubieron entrado,
aquellos escaladores
me abrieron por el costado,
y allí entraron tus amores;
y mi firmeza tomaron,
y mi corazón prendieron,
y mis sentidos robaron,
y a mí sólo no quisieron.

(…)

¡Qué gran fechoría hicieron
mis ojos, y qué traición:
por una vez que te vieron,
venderte mi corazón!

Pues traición tan conocida
ya les complacía hacer,
vendieran mi triste vida
teniendo en ello placer;

por el mal que cometieron
no tienen ellos perdón
¡por una vez que te vieron
venderte mi corazón!




CANTOS DE VIDA Y ESPERANZA
de Rubén Darío
(Fragmento)

(…)

En mi jardín se vio una estatua bella;
se juzgó mármol y era carne viva;
un alma joven habitaba en ella,
sentimental, sensible, sensitiva.

Y tímida ante el mundo, de manera
que, encerrada en silencio, no salía
sino cuando en la dulce primavera
era la hora de la mediodía…

Hora de ocaso y de discreto beso;
hora crepuscular y de retiro;
hora de madrigal y de embeleso;
de “te adoro”, de “ay” y de suspiro.



  
SONETO
25
de Pablo Neruda


Antes de amarte, amor, nada era mío:
vacilé por las calles y las cosas:
nada contaba ni tenía nombre:
el mundo era del aire que esperaba.

Yo conocí salones cenicientos,
túneles habitados por la luna,
hangares crueles que se despedían,
preguntas que insistían en la arena.

Todo estaba vacío, muerto y mudo,
caído, abandonado y decaído,
todo era inalienablemente ajeno,

todo era de los otros y de nadie,
hasta que tu belleza y tu pobreza
llenaron el otoño de regalos.







CANCIÓN
16
de Juan del Encina


Si supiese contentarte
como sé saber quererte,
yo tendría, sin perderte,
esperanza de ganarte.

Al verte fui tan de ti
que ninguna cosa sé
sino tener en ti fe
sin saber parte de mí.

Así que, si al contentarte
supiese como quererte,
yo tendría, sin perderte
esperanza de ganarte.





DESCRIBE RACIONALMENTE LOS EFECTOS IRRACIONALES DEL AMOR
de Sor Juana Inés de la Cruz

Este amoroso tormento
que en mi corazón se ve,
sé que lo siento, y no sé
la causa porque lo siento.
Siento una grave agonía
por lograr un devaneo,
que empieza como deseo
y pára en melancolía.
Y cuando con más terneza
mi infeliz estado lloro,
sé que estoy triste e ignoro
la causa de mi tristeza.
Siento un anhelo tirano
por la ocasión a que aspiro,
y cuando cerca lo miro
yo mismo aparto la mano.
Porque, si acaso se ofrece,
después de tanto develo,
la desazona el recelo
o el susto la desvanece.
Y si alguna vez sin susto
consigo tal posesión,
cualquiera leve ocasión
me malogra todo el gusto.
Siento mal del mismo bien
con receloso temor,
y me obliga el mismo amor
tal vez a mostrar desdén.
Cualquier leve ocasión labra
en mi pecho, de manera,
que el que imposibles venciera
se irrita de una palabra.
Con poca causa ofendida,
suelo, en mitad de mi amor,
negar un leve favor
a quien le diera la vida.
Ya sufrida, ya irritada,
con contrarias penas lucho:
que por él sufriré mucho,
y con él sufriré nada.
No sé en qué lógica cabe
el que tal cuestión se pruebe:
que por él lo grave es leve,
y con él lo leve es grave.
Sin bastantes fundamentos
forman mis tristes cuidados,
de conceptos engañados, un monte de sentimientos;
y en aquel fiero conjunto
hallo, cuando se derriba,
que aquella máquina altiva
sólo estribaba en un punto.
Tal vez el dolor me engaña
y presumo, sin razón,
que no habrá satisfacción
que pueda templar mi saña;
y cuando a averiguar llego
el agravio porque riño,
es como espanto de niño
que pára en burlas y juego.
Y aunque el desengaño toco,
con la misma pena lucho,
de ver que padezco mucho
padeciendo por tan poco.
A vengarse se abalanza
tal vez el alma ofendida;
y después, arrepentida,
toma de mí otra venganza.
Y si al desdén satisfago,
es con tan ambiguo error,
que yo pienso que es rigor
y se remata en halago.
Hasta el labio desatento
suele, equívoco, tal vez,
por usar de la altivez
encontrar el rendimiento.
Cuando por soñada culpa
con más enojo me inicito,
yo le acrimino el delito
y le busco la disculpa.
No huyo el mal ni busco el bien:
porque, en mi confuso error,
ni me asegura el amor
ni me despecha el desdén.
En mi ciego devaneo,
bien hallada con mi engaño,
solicito el desengaño
y no encontrarlo deseo.
Si alguno mis quejas oye,
más a decirlas me obliga
porque me las contradiga,
que no porque las apoye.
Porque si con la pasión
algo contra mi amor digo,
es mi mayor enemigo
quien me concede razón.
Y si acaso en mi provecho
hallo la razón propicia,
me embaraza la justicia
y ando cediendo el derecho.
Nunca hallo gusto cumplido,
porque, entre alivio y dolor,
hallo culpa en el amor
y disculpa en el olvido.
Esto de mi pena fura
es algo del dolor fiero;
y mucho más no refiero
porque pasa de locura.
Si acaso me contradigo
en este confuso error,
aquel que tuviere amor
entenderá lo que digo.



LO QUE YO QUIERO
de Almafuerte

I

Quiero ser las dos niñas de tus ojos,
las metálicas cuerdas de tu voz,
el rubor de tu sien cuando meditas
y el origen tenaz de tu rubor.
Quiero ser esas manos invisibles
que manejan por sí la creación,
y formar con tus sueños y los míos
otro mundo mejor para los dos.
Eres tú, providencia de mi vida,
mi sostén, mi refugio, mi caudal;
cual si fueras mi madre, yo te amo…
¡y todavía más!

II

Tengo celos del sol porque te besa
con sus labios de luz y de calor…
¡del jazmín tropical y del jilguero
Que decoran y alegran tu balcón!
Mando yo que ni el aire te sonría:
ni los astros, ni el ave, ni la flor,
ni la fe, ni el amor, ni la esperanza,
ni ninguno, ni nada más que yo.
Eres tú, soberana de mis noches,
mi constante, perpetuo cavilar:
ambiciono tu amor como la gloria…
¡y todavía más!

III

Yo no quiero que alguno te consuele
si me mata la fuerza de tu amor…
¡si me matan los besos insaciables,
fervorosos, ardientes que te doy!
Quiero yo que te invadan las tinieblas,
cuando ya para mí no salga el sol.
Quiero yo que defiendas mis despojos
del más breve ritual profanador.
Quiero yo que me llames y conjures
sobre labios y frente, y corazón.
Quiero yo que sucumbas y enloquezcas…
¡loca sí; muerta sí, te quiero yo!
Mi querida, mi bien, mi soberana,
mi refugio, mi sueño, mi caudal,
mi laurel, mi ambición, mi santa madre…

¡y todavía más!

1 comentario:

  1. Muy buen trabajo, lo felicito, sólo que le hubiera puesto nombre a la persona requerida :)

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