martes, 29 de marzo de 2016

3. Corazones renacidos

ESTAR ENAMORADO
de Francisco Luis Bernárdez

Estar enamorado, amigos,
es encontrar el nombre justo de la vida.
Es dar al fin con la palabra
que para hacer frente a la muerte se precisa.
Es recobrar la llave oculta
que abre la cárcel en que el alma está cautiva.
Es levantarse de la tierra
con una fuerza que reclama desde arriba.
Es respirar el ancho viento
que por encima de la carne se respira.
Es contemplar desde la cumbre
de la persona, la razón de las heridas.
Es advertir en unos ojos
una mirada verdadera que nos mira.
Es repetir en una boca
la propia voz profundamente repetida.
Es sorprender en unas manos
ese calor de la perfecta compañía.
Es sospechar que, para siempre,
la soledad de nuestra sombra está vencida.

Estar enamorado, amigos,
es descubrir dónde se juntan cuerpo y alma.
Es percibir en el desierto
la cristalina voz de un río que nos llama.
Es ver el mar desde la torre
donde ha quedado prisionera nuestra infancia.
Es apoyar los ojos tristes
en un paisaje de cigüeñas y campanas.
Es ocupar un territorio
donde conviven los perfumes y las armas.
Es dar la ley a cada rosa
y, al mismo tiempo, recibirla de su espada.
Es confundir el sentimiento
con una hoguera que desde el pecho se levanta.
Es gobernar la luz del fuego
y, al mismo tiempo, ser esclavo de la llama.

Es extender la pensativa
conversación del corazón y la distancia.
Es encontrar el derrotero
que lleva al reino de la música sin tasa.

Estar enamorado, amigos,
es adueñarse de las noches y los días.
Es olvidar entre los dedos
emocionados la cabeza distraída.
Es recordar a Garcilaso,
cuando se siente la canción de una herrería.
Es ir leyendo lo que escriben
en el espacio las primeras golondrinas.
Es ver la estrella de la tarde
por la ventana de una casa campesina.
Es contemplar un tren que pasa
por la montaña con las luces encendidas.
Es comprender perfectamente
que no hay fronteras entre el sueño y la vigilia.

Es ignorar en qué consiste
la diferencia entre la pena y la alegría.
Es escuchar a medianoche
la vagabunda confesión de la llovizna.
Es divisar en las tinieblas
del corazón una pequeña lucecita.

Estar enamorado, amigos,
es padecer espacio y tiempo con dulzura.
Es despertarse una mañana
con el secreto de las flores y las frutas.
Es libertarse de sí mismo
y estar unido con las otras criaturas.
Es no saber si son ajenas
o si son propias las lejanas amarguras.
Es remontar hasta la fuente
las aguas turbias del torrente de la angustia.
Es compartir la luz del mundo
y, al mismo tiempo, compartir su noche oscura.
Es asombrarse y alegrarse
de que la luna todavía sea luna.

Es comprobar en cuerpo y alma
que la tarea de ser hombre es menos dura.
Es empezar a decir siempre
y en adelante no volver a decir nunca.
Y es, además, amigos míos,
estar seguro de tener las manos puras.



AMOR CON LLUVIA Y PALOMA
de José Pedroni
(Fragmento)

Las palomas de tu casa
se vinieron a la mía
el día que a mí viniste,
que ya es un lejano día.

Pero todavía hoy,
porque eres de lluvia y trigo,
adondequiera que vayas
las alas se van contigo.

Sabe, así, toda la gente
todo lo que a mí me pasa:
tú estás conmigo si vuelan
palomas sobre mi casa.




AMOR QUE MATE
de Dulce Chacón
Si yo te rindo adoración ferviente,
ámame ti también hasta el exceso,
quiero para calmar mi sed ardiente
en tu mano imprimir un casto beso.

Yo no quiero un amor lánguido y frío,
porque el simple cariño es un sarcasmo;
quiero un amor ardiente, como el mío,
que mate de placer y de entusiasmo.



NOMÁS A TI
de Dolores Guerrero

A ti, joven de negra cabellera,
de tez morena y espaciosa frente,
de grandes ojos y mirada ardiente,
de labios encendidos de rubí;
de nobles formas y cabeza altiva,
de graciosa sonrisa y dulce acento,
de blancos dientes, perfumado aliento,
a ti te amo nomás, nomás a ti.

Porque tú eres el hombre que yo viera
a largo tiempo en mis dorados sueños;
tú eres el ángel, sí, de mis ensueños,
ideal fantasma que una noche vi
seductoras palabras murmurando
que el céfiro al pasar me repetía
y el aura sin cesar también decía:
a ti te amo nomás, nomás a ti.

Tú eres el solo por quien he sentido
dulcísimas y gratas emociones,
tú has llenado mi alma de ilusiones,
has engendrado nueva vida en mí.
Yo te miré una vez y en el momento
sentí un fuego voraz que me quemaba
y una oz escuché que me juraba:
a ti te amo nomás, nomás a ti.

Desde entonces tu imagen seductora
no se aparta un instante de mi mente,
y un ardiente volcán siento en mi mente,
y te adoro, mi bien, con frenesí.
Tu recuerdo me sigue a toda hora,
paréceme escuchar tu dulce canto;
porque tú eres mi vida, tú mi encanto,
a ti te amo nomás, nomás a ti.

Te adora el corazón enternecido,
tú formas en mi vida transitoria
la divina esperanza de una gloria
que allá en un tiempo venturosa vi.
Y cuando baje a solitaria tumba,
sucumbiendo por fin a mi tormento,
será mi última voz, mi último acento:
a ti te amo nomás, nomás a ti.



PRISIONERO DEL MAR
de Luis Arcaraz

Soy prisionero del ritmo del mar,
de un deseo infinito de amar
y de tu corazón.

Voy a la playa tu amor a buscar,
a la luz de la luna a cantar
mi desesperación.

Quiero llegarte a querer
en un amanecer
con quietud de cristal.

Quiero llegarte a tener
en un atardecer
de quietud tropical.

Ven mi cadena de amor a romper,
a quitarme la pena de ser
prisionero del mar.



BÉSAME MUCHO
de Consuelo Velázquez

Bésame, bésame mucho,
como si fuera esta noche
la última vez.

Bésame, bésame mucho,
que tengo miedo perderte,
perderte después.

Quiero tenerte muy cerca,
mirarme en tus ojos,
verte junto a mí.

Piensa que tal vez mañana
yo ya estaré lejos,
muy lejos de ti.



COMO JULIETA Y ROMERO
de Leobino Zavala 

El corazón humano de la gente
es cual una vejiga que se llena.
Echándole más aire que el prudente,
se va infle y infle y infle hasta que truena.

Y como el mío también es de cristiano,
se ve muy atariado y sumergido,
pues si siguen cargándole la mano,
el día menos pensado da el tronido.

Ya lo vez, tus papás no se convencen
y no me dejan platicar contigo
Está muy bien, yo no los contradigo
pero siempre está bueno que lo piensen

Pues no pueden hallarse muchas veces
personas como yo, que sean honradas,
que sepan aguantar sus pesadeces
y que no anden con chismes ni asonadas.

Yo procuro granjiarlos cuando puedo
y les doy la banqueta y los saludo;
pero nomás se quedan como un mudo
y me echan unos ojos que da miedo.

Y aunque vean que uno sufre y que se afana,
parece que les tiene sin cuidado.
Ya ves, ya remacharon la ventana
y al zaguán le metieron un candado.

Y de arrimarme a tu balcón no hay modos,
mi pisando quedito y sin botines,
pues sale tu mamá y avienta orines
y grita cosas para que oigan todos.

La verdad es que ya me desespero,
y si siguen igual estos asuntos,
no hay más remedio que enyerbarnos juntos,
como lo hizo Julieta con Romero.





ROMANCE DECASÍLABO ESDRÚJULO
de Sor Juana Inés de la Cruz

Lámina, sirva el Cielo al retato,
Lísida, de tu angélica forma:
cálamos forme el Sol de sus luces;
sílabas las Estrellas compongan.
Cárceles tu madeja fabrica:
Dédalo que sutilmente forma
vínculos de dorados Ofires, Tíbares de prisiones gustosas.
Hécate, no triforme, mas llena,
pródiga de candores asoma;
trémula no en tu frente se oculta,
fúlgida su esplendor desemboza.
Círculo dividido en dos arcos,
Pérsica forman lid belicosa;
áspides que por flechas disparan,
víboras de halagüeña ponzoña.
Lámparas, tus dos ojos, Febeas
súbitos resplandores arrojan:
pólvora que, a las almas que llega,
Tórridas, abrasadas transforma.
Límite de una y otra luz pura,
último, tu nariz judiciosa,
árbitro es entre dos confinantes,
máquina que divide una y otra.
Cátedras del Abril, tus mejillas,
clásicas dan a Mayo, estudiosas:
métodos a jazmines nevados
fórmula rubicunda a las rosas.
Lágrimas del Aurora congela,
búcaro de fragancias, tu boca:
rúbrica con carmines escrita,
cláusula de coral y de aljófar.
Cóncavo es, breve pira, en la barba,
pórfido en que las almas reposan:
túmulo les eriges las luces,
bóveda de luceros las honra.
Tránsito a los jardines de Venus,
órgano es de marfil, en canora
música, tu garganta, que en dulces
éxtasis aun al viento aprisiona.
Pámpanos de cristal y de nieve,
cándidos tus dos brazos, provocan
Tántalos, los deseos ayunos:
míseros, sienten frutas y ondas.
Dátiles de alabastro tus dedos,
fértiles de tus dos palmas brotan,
frígidos si los ojos los miran,
cálidos si las almas los tocan.
Bósforo de estrechez tu cintura,
cíngulo ciñe breve por Zona;
rígida, si de seda, clausura,
músculos nos oculta ambiciosa.
Cúmulo de primores tu talle,
dóricas esculturas asombra:
jónicos lineamientos desprecia,
émula su labor de sí propia.
Móviles pequeñeces tus plantas,
sólidos pavimentos ignoran;
mágicos que, a los vientos que pisan,
tósigos de beldad inficionan.
Plátano tu gentil estatura,
flámula es, que a los aires trémola:
ágiles movimientos, que esparcen
bálsamo de fragantes aromas.
Índices de tu rara hermosura,
rústicas estas líneas son cortas;
cítara solamente de Apolo,
méritos cante tuyos, sonora.





EN LA FINA PENUMBRA RESPLANDECE
de Tomás Segovia

En la fina penumbra, resplandece
tu cuerpo apenas, arrogante casi
y casi arrepentido de sus dones.

Tu desnudez es como un poco de agua
que reposa en el cauce de lo oscuro,
gravedad transparente, ausencia casi.

Vagos volúmenes se empapan, flotan
en el fondo contiguo del espacio;
el silencio respira, el aire late
y es desnuda la carne un pensamiento
materia que arde en expresión, respuesta.

Oh desnudez, belleza desarmada,
sumisión al espacio, soledad
que transparenta la hermosura eterna
como blancos guijarros
en el fondo del agua.



EPITALAMIO
de Manuel José Othón

Todo, al soplar las brisas tropicales,
mueve la sangre y todo a amar provoca.
Naturaleza entera es una boca
donde palpitan besos inmortales.

Requiébranse en la rama los turpiales,
lanzando su canción alegre y loca
y, en la cortante arista de la roca,
se acarician las águilas reales.

Tálamo de las tiernas golondrinas
es el aire, del tigre la espelunca,
del triscador ganado las colinas…

Nada tu fuerza poderosa trunca,
pues, renaciendo tú de las ruinas,
¡oh, fecundante Amor, no mueres nunca!




HALLA EN LA CAUSA DE SU AMOR TODOS LOS BIENES
de Francisco de Quevedo
(Fragmento)

Después que te conocí,
todas las cosas me sobran:
el Sol para tener día,
abril para tener rosas.

Por mi bien pueden tomar
otro oficio las auroras,
que yo conozco una luz
que sabe amanecer sombras.




A ORILLAS DEL RÍO SAR
de Rosalía de Castro
(Fragmento)

Adivínase el dulce y perfumado
calor primaveral;
los gérmenes se agitan en la tierra
con inquietud en su amoroso afán,
y cruzan por los aires, silenciosos,
átomos que se besan al pasar.

Hierve la sangre juvenil, se exalta
lleno de aliento el corazón, y audaz
el loco pensamiento sueña y cree
que el hombre es, cual los dioses, inmortal.
No importa que los sueños sean mentira,
ya que al cabo es verdad
que es venturoso el que soñando muere,
infeliz el que vive sin soñar.




ANDALUZAS ES VERDAD
(CANCIONES 1921-1924)
de Federico García Lorca

¡Ay, qué trabajo me cuesta
quererte como te quiero!

Por tu amor me duele el aire,
el corazón
y el sombrero.

¿Quién me compraría a mí
este cintillo que tengo
y esta tristeza de hilo
blanco, para hacer pañuelos?

¡Ay, qué trabajo me cuesta
quererte como te quiero!



AMOR CON LLUVIA Y PALOMA
de José Pedroni
(Fragmento)

Las palomas de tu casa
se vinieron a la mía
el día que a mí viniste,
que ya es un lejano día.

Pero todavía hoy,
porque eres de lluvia y trigo,
adondequiera que vayas
las alas se van contigo.

Sabe, así, toda la gente
todo lo que a mí me pasa:
tú estás conmigo si vuelan
palomas sobre mi casa.




TE QUIERO
de Mario Benedetti

Tus manos son mi caricia,
mis acordes cotidianos;
te quiero porque tus manos
trabajan por la justicia.

Si te quiero es porque sos
mi amor, mi cómplice y todo.
Y en la calle codo a codo
somos mucho más que dos.

Tus ojos son mi conjuro
contra la mala jornada;
te quiero por tu mirada
que mira y siembra futuro.

Tu boca que es tuya y mía,
tu boca no se equivoca;
te quiero porque tu boca
sabe gritar rebeldía.

Si te quiero es porque sos
mi amor, mi cómplice y todo.
Y en la calle codo a codo
somos mucho más que dos.

Y por tu rostro sincero.
Y tu paso vagabundo.
Y tu llanto por el mundo.
Porque sos pueblo te quiero.

Y porque amor no es aureola,
ni cándida moraleja,
y porque somos pareja.




BESOS
de Gabriela Mistral
(Fragmento)

Hay besos que producen desvaríos
de amorosa pasión ardiente y loca,
tú los conoces bien, son besos míos,
inventados por mí, para tu boca.

Besos de llama que en un rastro impreso
llevan los surcos de un amor vedado,
besos de tempestad, salvajes besos
que sólo nuestros labios han probado.

(…)

¿Te acuerdas que una tarde en loco exceso
te vi celoso imaginando agravios,
te suspendí en mis brazos?... vibró un beso,
¿y qué viste después…? Sangre en mis labios.

Yo te enseñé a besar: los besos fríos
son de impasible corazón de roca,
yo te enseñé a besar con besos míos
inventados por mí, para tu boca.




A TUS PIES
de Almafuerte

Nocturno canto de amor
que ondulas en mis pesares,
como en los negros pinares
las notas del ruiseñor.

Blanco jazmín entre tules
y carnes blancas perdido,
por mi pasión circuído
de pensamientos azules.

Coloración singular
que mi tristeza iluminas,
como al desierto y las ruinas
la claridad estelar.

Nube que cruzas callada
la extensión indefinida,
dulcemente perseguida
por la luz de mi mirada.

Ideal deslumbrador
en el espíritu mío,
como el collar del rocío
con que despierta la flor.

Sumisa paloma fiel
dormida sobre mi pecho,
como si fuera en un lecho
de mirtos y de laurel.

Música, nube, ideal,
ave, estrella, blanca flor,
preludio, esbozo, fulgor
de otro mundo espiritual.

Aquí vengo, aquí me ves,
aquí me postro, aquí estoy,
como tu esclavo que soy,
abandonado a tus pies.



MIS DESEOS
de Adelardo López de Ayala

Quisiera adivinarte los antojos,
y de súbito en ellos transformarme;
ser tu sueño, y callado apoderarme
de todos tus riquísimos despojos;

aire sutil con tus labios rojos
tuvieras que beberme y respirarme;
quisiera ser tu alma, y asomarme
a las claras ventanas de tus ojos.

Quisiera ser la música que en calma
te adula el corazón: mas si constante
mi fe consigue la escondida palma,

mi aire sutil, ni sueño penetrante,
ni música de amor, ni ser tu alma,
nada es tan dulce como ser tu amante.




LA FUGA
de Julio Herrera y Reissig

Temblábamos al par… En el austero
desorden que realzaba tu hermosura,
acentuó tu peinado su negrura
inquietante de pájaro agorero…

¡Nadie en tus ojos vio el enigma, empero
calló hasta el mar en su presencia oscura!
Inaccesible y ebria de aventura,
entre mis brazos te besó el lucero.

Apenas subrayó el esquife vago
su escuálida silueta sobre el lago,
te sublimaron trágicos sonrojos…

Sacramentó dos lagrimas postreras
mi beso al consagrar sobre tus ojos.
¡Y se durmió la tarde en tus ojeras!...




RETORNOS DEL AMOR EN LA NOCHE TRISTE
de Rafael Alberti
(Fragmento)
Bésame, amor, en esta noche triste.
Te diré las palabras que mis labios,
de tanto amor, mi amor, no se atrevieron.
Amor mío, amor mío, es tu cabeza
de oro tendido junto a mí, su ardiente
bosque largo de otoño quien me escucha.
Óyeme, que te llamo. Vida mía,
sí, vida mía, vida mía sola.




VIVIR
de Ángel Ganivet

Lleva el placer al dolor
y el dolor lleva al placer;
¡vivir no es más que correr
eternamente alrededor
de la esfinge del amor!

Esfinge de forma rara
que no deja ver la cara…;
mas yo la he visto en secreto,
y es la esfinge un esqueleto
y el amor en muerte para.





SAFO
de Delmira Agustini


Me parece justamente un dios,
ese hombre que se sienta enfrente de ti,
que a tu lado. Escucha
tu dulce conversación
y sonriendo amorosamente
hace que mi corazón tiemble en mi pecho.
Pues cuando quiera que te miro,
pierdo el uso de la palabra;
mi lengua se hiela en el silencio
y en la inmovilidad,
llamas sutiles se deslizan sobre mi piel,
ya no veo nada con mis ojos,
mis oídos sólo perciben zumbidos,
me cubre un sudor frío,
y un temblor me hace su cautivo.
Me vuelvo más verde que la hierba
y cerca de la muerte
a mí misma parezco.







SONETO
5
de Garcilaso de la Vega

Escrito está en mi alma vuestro gesto,
y cuanto yo escribir de ti deseo;
tú sola lo escribiste, yo lo leo
tan sólo, que aún de ti me guardo en esto.

En esto estoy y estaré siempre puesto;
que aunque no cabe en mí cuanto en ti veo,
de tanto bien lo que no entiendo creo,
tomando ya la fe por presupuesto.

Yo no nací sino para quererte;
mi alma te ha cortado a su medida;
por hábito del alma yo te quiero.

Cuando tengo confieso yo deberte;
por ti nací, por ti tengo la vida,
por ti he de morir, y por ti muero.




EL QUE FUESE DICHOSO SERÁ AMADO
de Juan de Tassis y Peralta

El que fuese dichoso será amado;
y yo en amor no quiero ser dichoso,
teniendo, de mi mal propio envidioso,
por dicha ser por ti tan desdichado.

Sólo es servir, servir sin ser premiado;
cerca está de grosero el venturoso;
seguir el bien a todos es forzoso,
yo sólo sigo el mal sin ser forzado.

No necesito suerte para amarte;
amo de ti lo que de ti yo entiendo,
no lo que espero, porque nada espero;

me lleva el conocerte al adorarte;
el servir por servir sólo pretendo;
más no te pido que lo que te quiero.



PASIÓN
de Almafuerte

I

Tú tienes, para mí, todo lo bello
que cielo, tierra y corazón abarcan;
la atracción estelar ¡de esas estrellas
que atraen como tus lágrimas!

II

La sinfonía sacra de los seres,
los vientos, los bosques y las aguas,
en el lenguaje mudo de tus ojos
que, mirándome, hablan.

III

Los atrevidos rasgos de las cumbres
que la celeste inmensidad asaltan,
en las gentiles curvas de tu seno…
¡oh, colina sagrada!

IV

Y el desdeñoso arrastre de las olas
sobre los verdes juncos y las algas,
en el raudo vagar de tu memoria
por mi vida de paria.

V

Yo tengo, para ti, todo lo noble
que cielo, tierra y corazón abarcan;
el calor de los soles, ¡de los soles
que, como yo, te aman!

VI

El gemido profundo de las ondas
que mueren a tus pies sobre la playa,
en el tapiz purpúreo de mi espíritu
abatido a tus plantas.

VII

La castidad celeste de los besos
de tu madre bendita, en la mañana,
en la caricia augusta con que tierna
te circunda mi alma.

VIII

¡Tú tienes para mí todo lo bello;
yo tengo para ti todo lo que ama;
tú, para mí, la luz que resplandece,

yo, para ti, sus llamas!

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