AL SEPARARNOS
de Salvador Díaz Mirón
Nuestras
dos almas se han confundido
en
la existencia de un ser común,
como
dos notas en un sonido,
como
dos llamas en una luz.
Fueron
esencias que alzó un exceso,
que
alzó un exceso de juventud,
y
se mezclaron, al darse un beso,
en
una estrella del cielo azul.
Y
hoy que nos hiere la suerte impía,
nos
preguntamos con inquietud:
¿cuál
es la tuya?, ¿cuál es la mía?
Y
yo no acierto ni aciertas tú.
PALOMA BLANCA
(1914)
Paloma blanca,
blanca paloma,
¡quién tuviera tus alas!
¡tus alas quién tuviera!
para volar
y volar para
donde están mis amores
mis amores donde están.
Tómale y llévale
llévale y tómale
este ramo de flores
de flores este ramo
para que se acuerde de este
pobre corazón.
Tuve un amor
un amor tuve,
lo quiero y lo quise
lo quise y lo quiero,
porque era fino
porque fino era
más fino que un diamante
más que un diamante fino.
Tómale y llévale
llévale y tómale
esta copa de vino
de vino esta copa
para que se acuerde de este
pobre corazón.
ESTRELLITA
de Manuel M. Ponce
Estrellita del lejano cielo,
que sabes mi querer,
que miras mi sufrir,
baja y dime si me quiere un
poco,
pues que ya no puedo
sin su amor vivir.
LEJOS DE TI
de Manuel M. Ponce
Lejos de ti
la vida es un martirio
sin alegría, sin luz.
Es la existencia cruel,
loco delirio,
porque me faltas tú,
porque me faltas tú,
porque me faltas tú.
VOLVERÉ
de María de la Portilla de
Grever
Yo sé que por mi ausencia
mucho , mucho has llorado
y sé que hasta has pensado
que al fin te olvidaré.
Pero es que no comprendes
que estamos tan unidos,
que el día que menos pienses
a tu lado estaré.
Volveré como vuelven
las blancas mariposas
al cáliz de las rosas
su néctar a libar.
Volveré por la noche,
cuando ya estés dormida,
acallando un suspiro,
tus labios a besar.
Y para que no sepas
que estuve allí contigo,
como otra inquieta ola
me perderé en el mar.
QUISIERA
de Augusto Cárdenas
Quisiera preguntarle a la
distancia
si tienes para mí un
pensamiento,
si mi nombre se envuelve en la
fragancia
inolvidable y dulce de tu
aliento.
Quisiera preguntarle a los
ocasos
si aún es tu corazón nido
vacío,
para poder soñarte entre mis
brazos
y allí en tu corazón dejar el
mío.
ME ASOMÉ OTRA VEZ A LA VENTANA
de Rubén Bonifaz Nuño
Me asomé otra vez a la ventana
a ver si tocabas en mi puerta.
No era nadie. Todos los vecinos
saben que te estoy esperando.
Me divierten cosas que me
cansan:
oír el silbato del cartero
que se acerca, espiarlo, contar
las cartas
que reciben todos los que
conozco,
y saber que nadie en este día
se acordó de mí para
escribirme.
O llegar después del trabajo,
cuando tengo ganas de no estar
solo,
y hacer la pregunta diaria:
“¿Me llegaron cartas?”
Y sé que nunca
habrá de escribirme nadie,
porque tú no sabes en donde
vivo.
También pienso a veces que estás
de viaje,
que regresarás cualquier día.
Pero no estaré cuando vuelvas.
A mí me ha tocado no estar
contigo;
no tengo miradas para
encontrarte
ni hay cosa en que pueda
reconocerte.
LA VISITA
de Luis G. Urbina
Ha de venir. Vendrá
¿Cuándo?.... No sé. Muy pronto.
Escucho ya su voz remota
y sus pisadas oigo.
Abre la puerta, alma; que no tenga
que llamar. Y que esté dispuesto todo:
apagado el fogón, limpia la casa,
y el blanco cirio de la fe, en el fondo.
Ha de venir. Vendrá. Calladamente
me tomará en sus brazos. Así como
la madre al niño que volvió cansado
de correr bosques y saltar arroyos.
Yo le diré en voz baja: – Bien venida.
Y sin miedo ni asombro,
me entregaré al misterio,
pensaré en Dios y cerraré los ojos.
SUEÑO DE AMOR PERFECTO
de Bernardo Ortiz de Montellano
Amor de sueño amante que otro
cielo
revive en su interior
desdoblamiento,
unión la de los ojos y el
aliento
que las manos aparta de su
celo.
Amor de cuerpo y sombra
ceniciento
de paisaje recónditos al hielo
de color y de aroma y de
desvelo
puro como la muerte y como el
viento.
Amor que de la carne vuela al
sueño
y en él imagen que desnuda
anude
la ribera sin ámbito del
cuerpo.
Amante que en su sombra se
desnude
y en su sangre redima lo que
fluye
y descubra en su sueño lo que
sueño.
POEMA 18
de Pablo Neruda
Aquí te amo.
En los oscuros pinos se
desenreda el viento.
Fosforece la luna sobre las
aguas errantes
Andan días iguales
persiguiéndose.
Se desciñe la niebla en
danzantes figuras.
Una gaviota de plata se
descuelga del ocaso.
A veces una vela. Altas, altas
estrellas.
O la cruz negra de un barco.
Solo.
A veces amanezco, y hasta mi
alma está húmeda.
Suena, resuena el mar lejano.
Éste es un puerto.
Aquí te amo.
Aquí te amo y en vano te oculta
el horizonte.
Te estoy amando aún entre estas
frías cosas.
A veces van mis besos en esos
barcos graves,
que corren por el mar hacia
donde no llegan.
Ya me veo olvidado como estas
viejas anclas.
Son más tristes los muelles
cuando atraca la tarde.
Se fatiga mi vida inútilmente
hambrienta.
Amo lo que no tengo. Estás tú
tan distante.
Mi hastío forcejea con los
lentos crepúsculos.
Pero la noche llega y comienza
a cantarme.
La luna hace girar su rodaje de
sueño.
Me miran con tus ojos las
estrellas más grandes.
Y como yo te amo, los pinos en
el viento quieren
cantar tu nombre con sus hojas
de alambre.
PENSAMIENTO
de Rafael Obligado
A bañarse en la gota de rocío
que halló en las
flores vacilante cuna,
en las noches de estío
desciende el rayo de la blanca luna.
Así, en las horas de celeste calma
y dulce desvarío,
hay en mi alma una gota de tu alma
donde se baña el pensamiento mío.
FELIZ QUIEN JUNTO A TI…
de Gertrudis Gómez de
Avellaneda
¡Feliz
quien junto a ti por ti suspira,
quien
oye el eco de tu voz sonora,
quien
el halago de tu risa adora,
y
el blando aroma de tu aliento aspira!
Ventura
tanta, que envidioso admira
el
querubín que en el paraíso mora,
el
alma turba, al corazón devora,
y
el torpe acento, al expresarla, espira.
Ante
mis ojos desaparece el mundo,
y
por mis venas circular ligero
el
fuego siento del amor profundo.
Trémula,
en vano resistirte quiero…
de
ardiente llanto mi mejilla inundo…
¡Delirio,
gozo, te bendigo y muero!
CANCIONES
5
de Juan del Encina
Querría
no desearte
y
desear no quererte,
mas,
si me aparto de verte,
tanto
me apena dejarte
que
me olvido de olvidarte.
Si
pido compensación
en
pago de mis servicios,
me
das tú por beneficios
pena,
dolor y pasión,
y
también desolación.
Y
no puedo desamarte
aunque
me aparto de verte,
que
si pienso en no quererte
tanto
me apena dejarte
que
me olvido de olvidarte.
SONETO
23
de Gutierre de Cetina
Si
jamás el morir se probó en vida,
yo
triste soy el que lo pruebo y siento
con
extraño dolor, pena y tormento,
en
esta trabajosa mi partida.
Mi
alma que en tu gesto está embebida,
mirándote
se henchía de un contento
tal,
que de ufano ya mi sufrimiento,
gloria
le era la pena más crecida.
Pero
cuando de ti me alejo tanto,
¿cuál
consejo será que me consuele,
que
no sienta en partir la misma muerte,
si
me muestra el temor visión de espanto,
que
asombrándome hace que recele
de
ti, de amor, del tiempo y de la suerte?
COPLAS
de Salvador Rueda
21
Para formarle un collar
a tu pecho, dueño mío,
voy buscando por las ramas
los diamantes del rocío.
22.
Fuera entre todas las cosas
por abrazarte temblando,
enredadera florida
de tu cuerpo de alabastro.
23
Rayito fuera de luna
para entrar por tu ventana,
subir después por tu lecho
y platearte la cara.
25
Dos velas tengo encendidas
en el altar de mi alma,
y en él adoro a una virgen
que tiene tu misma cara.
27
Creyendo darlo en tu boca
he dado en el aire un beso,
y el beso ha culebreado
como una chispa de fuego.
28
Divididas en manojos
están tus negras pestañas,
y cuando la luz las besa
no he visto sombras más largas.
29
Si quieres darme la muerte
tira donde más te agrade,
pero no en el corazón
porque allí levo tu imagen.
AMOR DE TARDE
de Mario Benedetti
Es una lástima que no estés
conmigo
cuando miro el reloj y son las
cuatro
y acabo la planilla y pienso
diez minutos
y estiro las piernas como todas
las tardes
y hago así con los hombros para
aflojar la espalda
y me doblo los dedos y les saco
mentiras.
Es una lástima que no estés
conmigo
cuando miro el reloj y son las
cinco
y soy una manija que calcula
intereses
o dos manos que saltan sobre
cuarenta teclas
o un oído que escucha como
ladra el teléfono
o un tipo que hace números y
les saca verdades.
Es una lástima que no estés
conmigo
cuando miro el reloj y son las
seis.
Podrías acercarte de sorpresa
y decirme “¿Qué tal?” y
quedaríamos
yo con la mancha roja de tus
labios
tú con el tizne azul de mi
carbónico.
SUB-UMBRA
de José Asunción Silva
Tú no lo sabes… mas yo he
soñado
entre mis sueños color de
armiño,
horas de dicha con tus amores
besos ardientes, quedos
suspiros
cuando la tarde tiñe de oro
esos espacios que juntos vimos.
Cuando mi alma su velo emprende
a las regiones de lo infinito,
aunque me olvides, aunque no me
ames
aunque me odies, ¡sueño
contigo!
QUIEN DICE…
de Juan Boscán
Quien dice que la ausencia
causa olvido
merece ser de todos olvidado.
El verdadero y firme enamorado
está, cuando está ausente, más
perdido.
Aviva la memoria su sentido;
la soledad levanta su cuidado:
hallarse de su bien tan
apartado
hace su desear más encendido.
No sanan las heridas en él
dadas,
aunque cese el mirar que las
causó,
si quedan en el alma
confirmadas.
Que si uno está con muchas
cuchilladas,
porque huya de quien lo
acuchilló,
no por eso serán mejor curadas.
EL AMOR DE MIS AMORES
de Carolina Coronado
(Fragmento)
¿Cómo te llamaré para que
entiendas
que me dirijo a ti, ¡dulce amor
mío!,
cuando lleguen al mundo las
ofrendas
que desde oculta soledad te
envío…?
(…)
Aquí estoy en la barca triste y
sola,
aguardando a mi amado noche y
día;
llega a mis pies la espuma de
la ola,
y huye otra vez, cual la
esperanza mía.
¡Blanca y ligera espuma
transparente,
ilusión, esperanza, desvarío
como hielas mis pies con tu
rocío
el desencanto hiela nuestra
mente!
Tampoco es en el mar adonde él
mora;
ni en la tierra ni en el mar mi
amor existe.
¡Ay!, dime si en la tierra te
escondiste,
o si dentro del mar estás
ahora.
Porque es mucho dolor que
siempre ignores
que yo te quiero ver, que yo te
llamo,
sólo para decirte que te amo,
que eres siempre el amor de mis
amores.
EL POETA PIDE A SU AMOR QUE LE
ESCRIBA
de Federico García Lorca
Amor de mis entrañas, viva
muerte,
en vano espero tu palabra
escrita
y pienso, con la flor que se
marchita,
que si vivo sin mí quiero
perderte.
El aire es inmortal. La piedra
inerte
ni conoce la sombra ni la
evita.
Corazón interior no necesita
la miel helada que la luna
vierte.
Pero yo te sufrí. Rasgué mis venas,
tigre y paloma, sobre tu
cintura
en duelo de mordiscos y
azucenas.
Llena pues de palabras mi
locura
o déjame vivir en mi serena
noche del alma para siempre
oscura.
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