YO ACARICIO EL PAISAJE
de Carlos Pellicer
Yo acaricio el paisaje,
oh adorada persona
que oíste mis poemas y que
ahora
tu cabeza reclinas en mi brazo.
Hornea el mediodía sus calores,
labrados panes para el ojo
que comulga con ruedas de
molino.
10, 15, 20, 30, las parcelas
opinan sobre el verde, sin
agriarse;
y los poblados, vida y ropa
limpia
sacan al sol. Caminos
campesinos
suben sin rumbo fijo, a holgar,
al cerro.
Los arboles conversan junto al
río,
de nidos en proyecto, de otros
en abandono,
de la nube servida como helado
en el remanso próximo,
del equipaje de las piedras
que acaso nadie ha dejado en la
orilla,
de la avispa hipodérmica,
del aguacero y la joven vereda,
de las ranas deletreadas en su
propia escuela,
del verso como prosa
y del viento de anoche que
barrió las estrellas.
El río escucha siempre
caminando.
El río que se conduce a sí
mismo, cómo y cuándo…
Detrás de un cerro grande
va estallando una nube
lentamente.
Su sorpresa
es como nuestra dicha: ¡tan
primera!
Lo inaugural que en nuestro
amor es clave
de toda plenitud.
El aire tiembla a nuestros
pies. Yo tengo
tu cabeza en mi pecho. Todo
cuaja
la transparencia enorme de un
silencio
panorámico, terso,
apoyado en el pálido delirio
de besar tus mejillas en
silencio.
MANO ENTREGADA
de Vicente Aleixandre
(Fragmento)
Es por piel secreta,
secretamente abierta,
[invisiblemente entreabierta,
por donde el calor tibio
propaga su voz,
su afán dulce;
por donde mi voz penetra hasta
tus venas tibias,
para rodar por ellas en tu
escondida sangre,
como otra sangre que sonara
oscura,
[que dulcemente oscura te
besara
por dentro, recorriendo
despacio como sonido puro
ese cuerpo, que ahora resuena
mío, mío poblado
[de mis voces
profundas,
Oh resonado cuerpo de mi amor,
[oh poseído cuerpo, oh cuerpo
sólo sonido de
[mi voz poseyéndole.
PARA UN MENÚ
de Manuel Gutiérrez Nájera
Las novias pasadas son copas vacías;
en ellas pusimos un poco de amor;
el néctar tomamos… huyeron los días…
¡Traed otras copas con nuevo licor!
Champán son las rubias de cutis de azalia;
Borgoña los labios de vivo carmín;
los ojos oscuros son vino de Italia,
los verdes y claros son vino del Rhin.
Las bocas de grana son húmedas fresas;
las negras pupilas escancian café;
son ojos azules las llamas traviesas
que trémulas corren como almas del té.
La copa se apura, la dicha se agota;
de un sorbo tomamos mujer y licor…
Dejamos las copas… ¡Si queda una gota,
que beba el lacayo las heces de amor!
AMABLE Y SILENCIOSO
de Amado Nervo
Amable y silencioso vé por la vida, hijo.
Amable y silencioso como rayo de luna…
En tu faz, como flores inmateriales, deben
florecer las sonrisas.
Haz caridad a todos de esas sonrisas, hijo.
Un rostro siempre adusto es un día nublado,
es un paisaje lleno de hosquedad, es un libro
en idioma extranjero.
Amable y silencioso vé por la vida, hijo.
Escucha cuanto quieran decirte, y tu sonrisa
sea elogio, respuesta, objeción, comentario,
advertencia y misterio…
CANCIÓN DE LAS VOCES SERENAS
de Jaime Torres Bodet
Se nos ha ido la tarde
en cantar una canción,
en perseguir una nube
y en deshojar una flor.
Se nos ha ido la noche
en decir una oración,
en hablar con una estrella
y en morir con una flor;
y se nos ira la aurora
en volver a esa canción,
en perseguir otra nube,
y en deshojar otra flor;
y se nos ira la vida
sin sentir otro rumos
que el del agua de las horas
que se lleva el corazón…
TUS OJOS, SIEMPRE TUS OJOS
de Neftalí Beltrán
Tus ojos, siempre tus ojos,
serán para mis poemas.
El cuerpo dáselo al viento,
al sol, al mar, a la tierra
– a la mirada encierra el alma
y el alma sin ella es ciega
que la mirada profunda
no es, como la voz, ligera.
Con el mundo entre las manos
iba corriendo a la siega
de un campo que te ofrecía
las once espigas más nuevas.
Veintiún granos de trigo
fueron la enorme cosecha
de un año que unió dos surcos
y en los dos dejó sus huellas.
Amor que nunca se acaba
porque siempre se renueva,
pero tus ojos – tu alma –
serán para mis poemas.
LUNA DE MIEL
de Julio Herrera y Reissig
Huyó, bajo sus velos soñadores,
la tarde. Y en los torvos
carrizales
zumbaba con dulzuras
patriarcales
el cuerno de los últimos
pastores.
Entre columnas, ánforas y
flores
y cúpulas de vivas catedrales,
gemí en tu casta desnudez
rituales
artísticos de eróticos
fervores.
Luego de aquella voluptuosa
angustia
que dio a tu faz una belleza
mustia,
surgiendo entre la gasa
cristalina
tu seno apareció como la luna
de nuestra dicha y su reflejo
en una
linfa sutil de suavidad felina.
DESEO
de Federico García Lorca
Sólo
tu corazón caliente,
y
nada más.
Mi
paraíso, un campo
sin
ruiseñor
ni
liras,
con
un río discreto
y
una fuentecilla.
Sin
la espuela del viento
sobre
la fronda,
ni
la estrella que quiere
ser
hoja.
Una
enorme luz
que
fuera
luciérnaga
de
otra,
en
un campo de
miradas
rotas.
Un
reposo claro
y
allí nuestro besos,
lunares
sonoros
del
eco,
se
abrirían muy lejos.
Y
tu corazón caliente,
nada
más.
ÍNTIMA
de
Delmira Agustini
(Fragmentos)
Hoy
abriré a tu alma el gran misterio:
ella
es capaz de penetrar en mí.
En
el silencio hay vértigos de abismos:
yo
vacilaba, me sostengo en ti.
Muero
de ensueños; beberé en tus fuentes
puras
y frescas la verdad; yo sé
que
está en el fondo magno de tu pecho
el
manantial que vencerá mi sed.
Y
sé que en nuestras vidas se produjo
el
milagro inefable del reflejo…
En
el silencio de la noche mi alma
llega
a la tuya como un gran espejo.
(…)
¡Imagina!
¡Estrechar, vivo, radiante
el
imposible! ¡La ilusión vivida!
Bendije
a Dios, al sol, la flor, el aire
¡la
vida toda porque tú eras vida!
Si
con angustia yo compré esta dicha,
¡bendito
el llanto que manchó mis ojos!
¡Todas
las llagas del pasado ríen
al
sol naciente por sus labios rojos!
¡Ah!
tú sabrás mi amor; mas vamos lejos,
a
través de la noche florecida;
acá
lo humano asusta, acá se oye,
se
ve, se siente sin cesar la vida.
Vamos
más lejos en la noche, vamos
donde
ni un eco repercuta en mí,
como
una flor nocturna allá en la sombra
me
abriré dulcemente para ti.
EL ROSARIO DE EROS
de Delmira Agustini
(Fragmento)
Con
tristeza de almas,
se
doblegan los cuerpos,
sin
velos, santamente
vestidos
de deseo.
Imanes
de mis brazos, panales de mi entraña,
como
a invisible abismo se inclinan en mi lecho.
¡Ah,
entre todas las manos yo he
[buscado
tus manos!
Tu
boca entre las bocas, tu cuerpo
[entre
los cuerpo,
de
todas las cabezas yo quiero tu cabeza,
de
todos esos ojos, tus ojos sólo quiero.
Tú
eres el más triste, por ser el más querido,
tú
has llegado el primero por venir de más lejos...
¡Ah,
la cabeza oscura que no he tocado nunca
y
las pupilas claras que miré tanto tiempo!
Las
orejas que ahondamos la tarde
[y
yo inconscientes,
la
palidez extraña que doblé sin saberlo,
ven
a mí: mente a mente;
ven
a mí: cuerpo a cuerpo.
Tú
me dirás qué has hecho de mi primer suspiro,
tú
me dirás qué has hecho
[del
sueño de aquel beso…
me
dirás si lloraste cuando yo te dejé solo…
¡Y
me dirás si has muerto!...
Si
has muerto,
mi
pena enlutará la alcoba plenamente,
y
estrecharé tus hombros hasta apagar mi cuerpo.
Y
en el silencio ahondado de tiniebla,
y
en la tinieblas ahondada de silencio,
nos
velará llorando, llorando hasta morirse,
nuestro hijo: el recuerdo.
CANCIÓN
14
de
Juan del Encina
No
quiero mostrar quererte
y
así que tomes favor
para
más envanecerte;
pero
no temo perderte
por
falta de fe ni amor.
Deseo
siempre servirte,
procuro
de no enojarte,
querría
favor pedirte
y
no quiero descubrirte
cuánto
peno por amarte.
Que
si doy a conocerte
mi
tan deseo dolor
será
más envanecerte;
pero
no temo perderte
por
falta de fe ni amor.
X
VIVIR SIN TUS CARICIAS
de Amado Nervo
Vivir
sin tus caricias es mucho desamparo;
vivir
sin tus palabras es mucha soledad;
vivir
sin tu amoroso mirar, ingenuo y claro,
es
mucha oscuridad…
EL
ÚLTIMO RINCÓN
de
Miguel Hernández
(Fragmentos)
Carne de mi movimiento,
huesos de ritmos mortales:
me muero por respirar
sobre vuestros ademanes.
(…)
Tu pelo donde lo negro
ha sufrido las edades
de la negrura más firme,
y la más emocionante:
tu secular pelo negro
recorro hasta remontarme
a la negrura primera
de tus ojos y tus padres,
al rincón de pelo denso
donde relampagueaste.
Como un rincón solitario
allí el hombre brota y arde.
(…)
El naranjo sabe a vida
y el olivo a tiempo sabe.
Y entre el clamor de los dos
mis pasiones se debaten.
SONETO
II
de Pablo Neruda
Amor, ¡cuántos caminos hasta
llegar a un beso,
qué soledad errante hasta tu
compañía!
Siguen los trenes solos rodando
con la lluvia.
En Taltal no amanece aún la
primavera.
Pero tú y yo, amor mío, estamos
juntos,
juntos desde la ropa a las raíces,
juntos de otoño, de agua, de
caderas,
hasta ser sólo tú, sólo yo
juntos.
Pensar que costó tantas piedras
que lleva el río,
la desembocadura del agua de
Boroa,
pensar que separados por trenes
y naciones
tú y yo teníamos que
simplemente amarnos,
con todos confundidos, con
hombres y mujeres,
con la tierra que implanta y
educa los claveles.
UN HOMBRE CON SU AMOR
de Luis Cernuda
(Fragmento)
Tú y mi amor, mientras miro
dormir tu cuerpo cuando
amanece. Así mira
un dios lo que ha creado.
Mas mi amor nada puede
sin que tu cuerpo acceda:
él sólo informa un mito
en tu hermosa materia.
Epigrama 4
EL TIEMPO Y EL AMOR
de Juan de Iriarte
Todo lo vence el amor,
todo lo consume el tiempo:
¿cuál de los dos puede más,
aquel niño, o este viejo?
SONETO
5
de Tirso de Molina
Te prometí mi libertad querida,
no cautivarte más, ni darte
pena;
pero promesa en potestad ajena,
¿cómo puede obligar a ser
cumplida?
Quien promete no amar toda la
vida,
y en la ocasión la voluntad
refrena,
seque el agua del mar, sume su
arena,
los vientos pare, lo infinito
mida.
Hasta ahora con noble
resistencia
las plumas corto a leves
pensamientos,
por más que la ocasión su vuelo
ampare.
Pupila soy de amor; sin su
licencia
no pueden obligarme juramentos.
Perdonad, voluntad, si los
quebrare.
AMOR CONSTANTE
de Vicente García de la Huerta
Antes al cielo faltarán
estrellas,
al mar peligros, pájaros al
viento,
al sol su resplandor y
movimiento,
y al fuego abrasador vivas
centellas;
antes al campo producciones
bellas,
al monte horror, al llano
esparcimiento,
torpes envidias al
merecimiento,
y al no admitido amor tristes
querellas;
antes sus flores a la
primavera,
ardores inclementes al estío,
al otoño abundancia lisonjera,
y al aterido invierno hielo y
frío,
que ceda un punto de su fe
primera,
cuanto menos que falte el amor
mío.
SIN PALABRAS
de Adelardo López de Ayala
Mil veces con palabras de
dulzura
esta pasión comunicarte ansío;
mas, ¿qué palabras hallaré,
bien mío.
que no haya profanado la
impostura?
Penetre en ti callada mi
ternura.
sin detenerse en el menor
desvío,
como rayo de luna en claro río,
como aroma sutil en aura pura.
Ábreme el alma silenciosamente,
y déjame que inunde satisfecho
sus regiones, de amor y encanto
llenas…
Fiel pensamiento, animaré tu
mente;
afecto dulce, viviré en tu
pecho;
llama suave, correré en tus
venas.
SONETO
9
de Vicente Espinel
De hielo te hizo, amor, y a mí
de fuego,
libre te dejó, haciendo en mí
su estancia;
en ti puso el olvido, en mí
constancia,
en mí perpetua guerra, en ti
sosiego.
Claro se ve de tan cambiante
juego,
donde la pérdida es más que la
ganancia,
que la presa de menos
importancia
le contentó como un muchacho, y
ciego.
Pudiera amor mirar por su
provecho
hiriendo a un tiempo el uno, y otro lado,
y así quedara rico, y
satisfecho:
que aunque en el mío el tiro
fuera errado,
igualmente alejándose en tu
pecho
él vivirá contento, y yo pagado.
PASIÓN
de Manuel María Flores
(Fragmentos)
¡Háblame! Que tu voz, eco del
cielo,
sobre la tierra por doquier me
siga…
con tal de oír tu voz, nada me
importa
que el desdén en tu labio me
maldiga.
¡Mírame!... Tus miradas me
quemaron,
y tengo sed de ese mirar,
eterno…
por ver tus ojos, que se abrase
mi alma
de esa mirada en el celeste
infierno.
¡Ámame!...Nada soy… pero tu
diestra
sobre mi frente pálida un
instante,
puede hacer del esclavo
arrodillado
el hombre rey de corazón
gigante.
(…)
Tú pasas… y la tierra
voluptuosa
se estremece de amor bajo tus
huellas,
se entibia el aire, se perfuma
el prado
y se inclinan a verte las
estrellas.
Quisiera ser la sombra de la
noche
para verte dormir sola y
tranquila,
y luego ser la aurora… y
despertarte
con un beso de luz en la
pupila.
Soy tuyo, me posees… un solo
átomo
no hay en mi ser que para ti no
sea:
dentro de mi corazón eres
latido,
y dentro de mi cerebro eres
idea.
¡SI TÚ MURIERAS!
de Manuel Gutiérrez Nájera
Anoche, mientras fijos tus ojos me miraban
y tus convulsas manos mis manos estrechaban,
tu tez palideció.
¿Qué hicieras – me dijiste – si en esta noche misma
tu luz se disipara, si se rompiera el prisma,
si me muriera yo?
¡Ah! deja las tristezas al nido abandonado,
las sombras a la noche, los dardos al soldado,
los cuervos al ciprés.
No pienses en lo triste que sigiloso llega;
los mirtos te coronan, y el arroyuelo juega
con tus desnudos pies.
La juventud nos canta, nos ciñe, nos rodea;
es grana en tus mejillas; en tu cerebro, idea,
y entre tus rizos, flor;
tenemos en nosotros dos fuerzas poderosas,
que triunfan de los hombres y triunfan de las cosas:
¡la vida y el amor!
Comparte con mi alma tus penas y dolores,
te doy mis sueños de oro, mis versos y mis flores
a cambio de tu cruz.
¿Por qué temer los años, si tienes la hermosura;
la noche, si eres blanca; la muerte, si eres pura;
la sombra, si eres luz?
Seré, si tú lo quieres, el resistente escudo
que del dolor defienda tu corazón desnudo;
y si eres girasol,
seré la parte oscura que en hondo desconsuelo
sin ver jamás los astros se inclina siempre al suelo;
¡tú, la que mira el sol!
La muerte está muy lejos; anciana y errabunda.
evita los senderos que el rubio sol fecunda,
y por la sombra va;
camina sobre nueve, por rutas silenciosas,
huyendo de los astros y huyendo de las rosas:
¡la muerte no vendrá!
La vida, sonriendo, nos deja sus tesoros:
¡abre tus negros ojos, tus labios y tus poros
al aire del amor!
Como la madre monda las frutas para el niño,
¡Dios quita de tu vida, cercada de cariño,
las penas y el dolor!
Ahora todo canta, perfuma o ilumina;
ahora todo copia tu faz alabastrina,
y se parece a ti;
aspiro los perfumen que brotan de tu trenza,
y lo que en tu alma apenas como ilusión comienza,
es voluntad en mí.
¡Ah! deja las tristezas al nido abandonado,
las sombras a la noche, los dardos al soldado;
los cuervos al ciprés.
No pienses en lo triste que sigiloso llega;
los mirtos te coronan, y el arroyuelo juega
con tus desnudos pies.
MÁS ALLÁ DEL AMOR
de Octavio Paz
(Fragmento)
Tiéndete aquí a la orilla de
tanta espuma,
de tanta vida que se ignora y
se entrega:
tú también perteneces a la
noche.
Extiéndete, blancura que
respira,
late, oh estrella repartida,
copa,
pan que inclinas la balanza del
lado de la aurora,
pausa de sangre en este tiempo
[y otro sin medida.
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