martes, 29 de marzo de 2016

6. Contemplando el futuro

YO ACARICIO EL PAISAJE
de Carlos Pellicer

Yo acaricio el paisaje,
oh adorada persona
que oíste mis poemas y que ahora
tu cabeza reclinas en mi brazo.
Hornea el mediodía sus calores,
labrados panes para el ojo
que comulga con ruedas de molino.

10, 15, 20, 30, las parcelas
opinan sobre el verde, sin agriarse;
y los poblados, vida y ropa limpia
sacan al sol. Caminos campesinos
suben sin rumbo fijo, a holgar, al cerro.
Los arboles conversan junto al río,
de nidos en proyecto, de otros en abandono,
de la nube servida como helado
en el remanso próximo,
del equipaje de las piedras
que acaso nadie ha dejado en la orilla,
de la avispa hipodérmica,
del aguacero y la joven vereda,
de las ranas deletreadas en su propia escuela,
del verso como prosa
y del viento de anoche que barrió las estrellas.
El río escucha siempre caminando.
El río que se conduce a sí mismo, cómo y cuándo…

Detrás de un cerro grande
va estallando una nube lentamente.
Su sorpresa
es como nuestra dicha: ¡tan primera!
Lo inaugural que en nuestro amor es clave
de toda plenitud.
El aire tiembla a nuestros pies. Yo tengo
tu cabeza en mi pecho. Todo cuaja
la transparencia enorme de un silencio
panorámico, terso,
apoyado en el pálido delirio
de besar tus mejillas en silencio.



MANO ENTREGADA
de Vicente Aleixandre
(Fragmento)

Es por piel secreta, secretamente abierta,
[invisiblemente entreabierta,
por donde el calor tibio propaga su voz,
su afán dulce;
por donde mi voz penetra hasta tus venas tibias,
para rodar por ellas en tu escondida sangre,
como otra sangre que sonara oscura,
[que dulcemente oscura te besara
por dentro, recorriendo despacio como sonido puro
ese cuerpo, que ahora resuena mío, mío poblado
[de mis voces
profundas,
Oh resonado cuerpo de mi amor,
[oh poseído cuerpo, oh cuerpo sólo sonido de
[mi voz poseyéndole.




PARA UN MENÚ
de Manuel Gutiérrez Nájera

Las novias pasadas son copas vacías;
en ellas pusimos un poco de amor;
el néctar tomamos… huyeron los días…
¡Traed otras copas con nuevo licor!

Champán son las rubias de cutis de azalia;
Borgoña los labios de vivo carmín;
los ojos oscuros son vino de Italia,
los verdes y claros son vino del Rhin.

Las bocas de grana son húmedas fresas;
las negras pupilas escancian café;
son ojos azules las llamas traviesas
que trémulas corren como almas del té.

La copa se apura, la dicha se agota;
de un sorbo tomamos mujer y licor…
Dejamos las copas… ¡Si queda una gota,
que beba el lacayo las heces de amor!



AMABLE Y SILENCIOSO
de Amado Nervo

Amable y silencioso vé por la vida, hijo.
Amable y silencioso como rayo de luna…
En tu faz, como flores inmateriales, deben
florecer las sonrisas.

Haz caridad a todos de esas sonrisas, hijo.
Un rostro siempre adusto es un día nublado,
es un paisaje lleno de hosquedad, es un libro
en idioma extranjero.

Amable y silencioso vé por la vida, hijo.
Escucha cuanto quieran decirte, y tu sonrisa
sea elogio, respuesta, objeción, comentario,
advertencia y misterio…



CANCIÓN DE LAS VOCES SERENAS
de Jaime Torres Bodet

Se nos ha ido la tarde
en cantar una canción,
en perseguir una nube
y en deshojar una flor.

Se nos ha ido la noche
en decir una oración,
en hablar con una estrella
y en morir con una flor;

y se nos ira la aurora
en volver a esa canción,
en perseguir otra nube,
y en deshojar otra flor;

y se nos ira la vida
sin sentir otro rumos
que el del agua de las horas
que se lleva el corazón…



TUS OJOS, SIEMPRE TUS OJOS
de Neftalí Beltrán

Tus ojos, siempre tus ojos,
serán para mis poemas.
El cuerpo dáselo al viento,
al sol, al mar, a la tierra
– a la mirada encierra el alma
y el alma sin ella es ciega
que la mirada profunda
no es, como la voz, ligera.
Con el mundo entre las manos
iba corriendo a la siega
de un campo que te ofrecía
las once espigas más nuevas.
Veintiún granos de trigo
fueron la enorme cosecha
de un año que unió dos surcos
y en los dos dejó sus huellas.
Amor que nunca se acaba
porque siempre se renueva,
pero tus ojos – tu alma –
serán para mis poemas.



LUNA DE MIEL
de Julio Herrera y Reissig

Huyó, bajo sus velos soñadores,
la tarde. Y en los torvos carrizales
zumbaba con dulzuras patriarcales
el cuerno de los últimos pastores.

Entre columnas, ánforas y flores
y cúpulas de vivas catedrales,
gemí en tu casta desnudez rituales
artísticos de eróticos fervores.

Luego de aquella voluptuosa angustia
que dio a tu faz una belleza mustia,
surgiendo entre la gasa cristalina

tu seno apareció como la luna
de nuestra dicha y su reflejo en una
linfa sutil de suavidad felina.



DESEO
de Federico García Lorca

Sólo tu corazón caliente,
y nada más.

Mi paraíso, un campo
sin ruiseñor
ni liras,
con un río discreto
y una fuentecilla.

Sin la espuela del viento
sobre la fronda,
ni la estrella que quiere
ser hoja.

Una enorme luz
que fuera
luciérnaga
de otra,
en un campo de
miradas rotas.

Un reposo claro
y allí nuestro besos,
lunares sonoros
del eco,
se abrirían muy lejos.

Y tu corazón caliente,
nada más.



ÍNTIMA
de Delmira Agustini
(Fragmentos)

Hoy abriré a tu alma el gran misterio:
ella es capaz de penetrar en mí.
En el silencio hay vértigos de abismos:
yo vacilaba, me sostengo en ti.

Muero de ensueños; beberé en tus fuentes
puras y frescas la verdad; yo sé
que está en el fondo magno de tu pecho
el manantial que vencerá mi sed.

Y sé que en nuestras vidas se produjo
el milagro inefable del reflejo…
En el silencio de la noche mi alma
llega a la tuya como un gran espejo.

(…)

¡Imagina! ¡Estrechar, vivo, radiante
el imposible! ¡La ilusión vivida!
Bendije a Dios, al sol, la flor, el aire
¡la vida toda porque tú eras vida!

Si con angustia yo compré esta dicha,
¡bendito el llanto que manchó mis ojos!

¡Todas las llagas del pasado ríen
al sol naciente por sus labios rojos!

¡Ah! tú sabrás mi amor; mas vamos lejos,
a través de la noche florecida;
acá lo humano asusta, acá se oye,
se ve, se siente sin cesar la vida.

Vamos más lejos en la noche, vamos
donde ni un eco repercuta en mí,
como una flor nocturna allá en la sombra
me abriré dulcemente para ti.



EL ROSARIO DE EROS
de Delmira Agustini
(Fragmento)

Con tristeza de almas,
se doblegan los cuerpos,
sin velos, santamente
vestidos de deseo.
Imanes de mis brazos, panales de mi entraña,
como a invisible abismo se inclinan en mi lecho.
¡Ah, entre todas las manos yo he
[buscado tus manos!
Tu boca entre las bocas, tu cuerpo
[entre los cuerpo,
de todas las cabezas yo quiero tu cabeza,
de todos esos ojos, tus ojos sólo quiero.
Tú eres el más triste, por ser el más querido,
tú has llegado el primero por venir de más lejos...
¡Ah, la cabeza oscura que no he tocado nunca
y las pupilas claras que miré tanto tiempo!
Las orejas que ahondamos la tarde
[y yo inconscientes,
la palidez extraña que doblé sin saberlo,
ven a mí: mente a mente;
ven a mí: cuerpo a cuerpo.
Tú me dirás qué has hecho de mi primer suspiro,
tú me dirás qué has hecho
[del sueño de aquel beso…
me dirás si lloraste cuando yo te dejé solo…
¡Y me dirás si has muerto!...
Si has muerto,
mi pena enlutará la alcoba plenamente,
y estrecharé tus hombros hasta apagar mi cuerpo.
Y en el silencio ahondado de tiniebla,
y en la tinieblas ahondada de silencio,
nos velará llorando, llorando hasta morirse,
nuestro hijo: el recuerdo.



CANCIÓN
14
de Juan del Encina


No quiero mostrar quererte
y así que tomes favor
para más envanecerte;
pero no temo perderte
por falta de fe ni amor.

Deseo siempre servirte,
procuro de no enojarte,
querría favor pedirte
y no quiero descubrirte
cuánto peno por amarte.

Que si doy a conocerte
mi tan deseo dolor
será más envanecerte;
pero no temo perderte
por falta de fe ni amor.



X
VIVIR SIN TUS CARICIAS
de Amado Nervo

Vivir sin tus caricias es mucho desamparo;
vivir sin tus palabras es mucha soledad;
vivir sin tu amoroso mirar, ingenuo y claro,
es mucha oscuridad…




EL ÚLTIMO RINCÓN
de Miguel Hernández
(Fragmentos)

Carne de mi movimiento,
huesos de ritmos mortales:
me muero por respirar
sobre vuestros ademanes.

(…)

Tu pelo donde lo negro
ha sufrido las edades
de la negrura más firme,
y la más emocionante:
tu secular pelo negro
recorro hasta remontarme
a la negrura primera
de tus ojos y tus padres,
al rincón de pelo denso
donde relampagueaste.

Como un rincón solitario
allí el hombre brota y arde.

(…)

El naranjo sabe a vida
y el olivo a tiempo sabe.
Y entre el clamor de los dos
mis pasiones se debaten.




SONETO
II
de Pablo Neruda


Amor, ¡cuántos caminos hasta llegar a un beso,
qué soledad errante hasta tu compañía!
Siguen los trenes solos rodando con la lluvia.
En Taltal no amanece aún la primavera.

Pero tú y yo, amor mío, estamos juntos,
juntos  desde la ropa a las raíces,
juntos de otoño, de agua, de caderas,
hasta ser sólo tú, sólo yo juntos.

Pensar que costó tantas piedras que lleva el río,
la desembocadura del agua de Boroa,
pensar que separados por trenes y naciones

tú y yo teníamos que simplemente amarnos,
con todos confundidos, con hombres y mujeres,
con la tierra que implanta y educa los claveles.





UN HOMBRE CON SU AMOR
de Luis Cernuda
(Fragmento)

Tú y mi amor, mientras miro
dormir tu cuerpo cuando
amanece. Así mira
un dios lo que ha creado.

Mas mi amor nada puede
sin que tu cuerpo acceda:
él sólo informa un mito
en tu hermosa materia.


Epigrama 4
EL TIEMPO Y EL AMOR
de Juan de Iriarte

Todo lo vence el amor,
todo lo consume el tiempo:
¿cuál de los dos puede más,
aquel niño, o este viejo?



SONETO
5
de Tirso de Molina

Te prometí mi libertad querida,
no cautivarte más, ni darte pena;
pero promesa en potestad ajena,
¿cómo puede obligar a ser cumplida?

Quien promete no amar toda la vida,
y en la ocasión la voluntad refrena,
seque el agua del mar, sume su arena,
los vientos pare, lo infinito mida.

Hasta ahora con noble resistencia
las plumas corto a leves pensamientos,
por más que la ocasión su vuelo ampare.

Pupila soy de amor; sin su licencia
no pueden obligarme juramentos.
Perdonad, voluntad, si los quebrare.



AMOR CONSTANTE
de Vicente García de la Huerta

Antes al cielo faltarán estrellas,
al mar peligros, pájaros al viento,
al sol su resplandor y movimiento,
y al fuego abrasador vivas centellas;

antes al campo producciones bellas,
al monte horror, al llano esparcimiento,
torpes envidias al merecimiento,
y al no admitido amor tristes querellas;

antes sus flores a la primavera,
ardores inclementes al estío,
al otoño abundancia lisonjera,

y al aterido invierno hielo y frío,
que ceda un punto de su fe primera,
cuanto menos que falte el amor mío.



SIN PALABRAS
de Adelardo López de Ayala

Mil veces con palabras de dulzura
esta pasión comunicarte ansío;
mas, ¿qué palabras hallaré, bien mío.
que no haya profanado la impostura?
Penetre en ti callada mi ternura.
sin detenerse en el menor desvío,
como rayo de luna en claro río,
como aroma sutil en aura pura.
Ábreme el alma silenciosamente,
y déjame que inunde satisfecho
sus regiones, de amor y encanto llenas…
Fiel pensamiento, animaré tu mente;
afecto dulce, viviré en tu pecho;
llama suave, correré en tus venas.



SONETO
9
de Vicente Espinel

De hielo te hizo, amor, y a mí de fuego,
libre te dejó, haciendo en mí su estancia;
en ti puso el olvido, en mí constancia,
en mí perpetua guerra, en ti sosiego.

Claro se ve de tan cambiante juego,
donde la pérdida es más que la ganancia,
que la presa de menos importancia
le contentó como un muchacho, y ciego.

Pudiera amor mirar por su provecho
hiriendo  a un tiempo el uno, y otro lado,
y así quedara rico, y satisfecho:

que aunque en el mío el tiro fuera errado,
igualmente alejándose en tu pecho
él vivirá contento, y yo pagado.





PASIÓN
de Manuel María Flores
(Fragmentos)


¡Háblame! Que tu voz, eco del cielo,
sobre la tierra por doquier me siga…
con tal de oír tu voz, nada me importa
que el desdén en tu labio me maldiga.

¡Mírame!... Tus miradas me quemaron,
y tengo sed de ese mirar, eterno…
por ver tus ojos, que se abrase mi alma
de esa mirada en el celeste infierno.

¡Ámame!...Nada soy… pero tu diestra
sobre mi frente pálida un instante,
puede hacer del esclavo arrodillado
el hombre rey de corazón gigante.

(…)

Tú pasas… y la tierra voluptuosa
se estremece de amor bajo tus huellas,
se entibia el aire, se perfuma el prado
y se inclinan a verte las estrellas.

Quisiera ser la sombra de la noche
para verte dormir sola y tranquila,
y luego ser la aurora… y despertarte
con un beso de luz en la pupila.

Soy tuyo, me posees… un solo átomo
no hay en mi ser que para ti no sea:
dentro de mi corazón eres latido,
y dentro de mi cerebro eres idea.



¡SI TÚ MURIERAS!
de Manuel Gutiérrez Nájera

Anoche, mientras fijos tus ojos me miraban
y tus convulsas manos mis manos estrechaban,
tu tez palideció.
¿Qué hicieras – me dijiste – si en esta noche misma
tu luz se disipara, si se rompiera el prisma,
si me muriera yo?

¡Ah! deja las tristezas al nido abandonado,
las sombras a la noche, los dardos al soldado,
los cuervos al ciprés.
No pienses en lo triste que sigiloso llega;
los mirtos te coronan, y el arroyuelo juega
con tus desnudos pies.

La juventud nos canta, nos ciñe, nos rodea;
es grana en tus mejillas; en tu cerebro, idea,
y entre tus rizos, flor;
tenemos en nosotros dos fuerzas poderosas,
que triunfan de los hombres y triunfan de las cosas:
¡la vida y el amor!

Comparte con mi alma tus penas y dolores,
te doy mis sueños de oro, mis versos y mis flores
a cambio de tu cruz.
¿Por qué temer los años, si tienes la hermosura;
la noche, si eres blanca; la muerte, si eres pura;
la sombra, si eres luz?

Seré, si tú lo quieres, el resistente escudo
que del dolor defienda tu corazón desnudo;
y si eres girasol,
seré la parte oscura que en hondo desconsuelo
sin ver jamás los astros se inclina siempre al suelo;
¡tú, la que mira el sol!

La muerte está muy lejos; anciana y errabunda.
evita los senderos que el rubio sol fecunda,
y por la sombra va;
camina sobre nueve, por rutas silenciosas,
huyendo de los astros y huyendo de las rosas:
¡la muerte no vendrá!

La vida, sonriendo, nos deja sus tesoros:
¡abre tus negros ojos, tus labios y tus poros
al aire del amor!
Como la madre monda las frutas para el niño,
¡Dios quita de tu vida, cercada de cariño,
las penas y el dolor!

Ahora todo canta, perfuma o ilumina;
ahora todo copia tu faz alabastrina,
y se parece a ti;
aspiro los perfumen que brotan de tu trenza,
y lo que en tu alma apenas como ilusión comienza,
es voluntad en mí.

¡Ah! deja las tristezas al nido abandonado,
las sombras a la noche, los dardos al soldado;
los cuervos al ciprés.
No pienses en lo triste que sigiloso llega;
los mirtos te coronan, y el arroyuelo juega
con tus desnudos pies.



MÁS ALLÁ DEL AMOR
de Octavio Paz
(Fragmento)

Tiéndete aquí a la orilla de tanta espuma,
de tanta vida que se ignora y se entrega:
tú también perteneces a la noche.
Extiéndete, blancura que respira,
late, oh estrella repartida, copa,
pan que inclinas la balanza del lado de la aurora,
pausa de sangre en este tiempo

[y otro sin medida.

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