martes, 29 de marzo de 2016

5. Siembra tormentas, cosecharás tempestades

EN QUE SATISFACE UN RECELO CON LA RETÓRICA DEL LLANTO
de Sor Juana Inés de la Cruz

Esta tarde, mi bien, cuando te hablaba,
como en tu rostro y tus acciones vía
que con palabras no te persuadía,
que el corazón me vieses deseaba;
y Amor, que mis intentos ayudaba,
venció lo que imposible parecía:
pues entre el llanto, que el dolor vertía,
el corazón deshecho destilaba.
Baste ya de rigores, mi bien, baste:
no te atormenten más celos tiranos,
ni el vil recelo tu quietud contraste
con sombras necias, con indicios vanos,
pues ya en líquido humor viste y tocaste
mi corazón deshecho entre tus manos.



NOCTURNO AMOR
de Xavier Villaurrutia

El que nada se oye en esta alberca de sombra
no sé cómo mis brazos no se hieren
en tu respiración sigo la angustia del crimen
y caes en la red que tiene el sueño
Guardas el nombre de tu cómplice en los ojos
pero encuentro tus párpados más duros que el silencio
y antes que compartirlo mataría el goce
de entregarte en el sueño con los ojos cerrados
sufro al sentir la dicha con que tu cuerpo busca
el cuerpo que te vence más que el sueño
y comparo la fiebre de tus manos
con mis manos de hielo
y el temblor de tus sienes con mi pulso perdido
y el yeso de mis muslos con la piel de los tuyos
que la sombra corroe con su lepra incurable
Ya sé cuál es el sexo de tu boca
y lo que guarda la avaricia de tu axila
y maldigo el rumor que inunda el laberinto de tu oreja
sobre la almohada de espuma
sobre la dura página de nieve
No la sangre que huyó de mí como del arco huye la flecha
sino la cólera circula por mis arterias
amarilla de incendio en mitad de la noche
y todas las palabras en la prisión de la boca
y una sed que en el agua del espejo
sacia su sed con una sed idéntica
De qué noche despierto a esta desnuda
noche larga y cruel noche que ya no es noche
junto a tu cuerpo más muerto que muerto
que no es tu cuerpo ya sino su hueco
porque la ausencia de tu sueño ha matado a la muerte
y es tan grande mi frio que con un calor nuevo
abre mis ojos donde la sombra es más dura
y más clara y más luz en la luz misma
y resucita en mí lo que no ha sido
y es un dolor inesperado y aún más frío y más fuego
no ser sino la estatua que despierta
en la alcoba de un mundo en el que todo ha muerto.



ASÍ FUE
de Luis G. Urbina


Lo sentí; no fue una
separación, sino un desgarramiento;
quedó atónita el alma, y sin ninguna
luz, se durmió en la sombra del pensamiento.

Así fue; como un gran golpe del viento
en la serenidad del aire. Ufano,
en la noche tremenda,
llevaba yo en la mano
una antorcha con que alumbraba la senda,
y que de pronto se apagó: la oscura
asechanza del mal y el destino
extinguió así la llama y locura.

Vi un árbol a la orilla del camino,
y me senté a llorar mi desventura.
Así fue, caminante
que me contemplas con mirada absorta
y curioso semblante.

Yo estoy cansado, sigue tú adelante;
mi pena es muy vulgar y no te importa.
Amé, sufrí, gocé, sentí el divino
soplo de la ilusión y la locura;
tuve la antorcha, la apagó el destino,
y me senté a llorar mi desventura
a la sombra de un árbol del camino.





RIMAS SACRAS
de Lope de Vega

No sabe qué es amor quien no te ama,
celestial hermosura, esposo bello;
tu cabeza es de oro, y tu cabello
como el cogollo que la palma enrama;

tu boca como lirio, que derrama
licor al alba; de marfil tu cuello;
tu mano el torno, y en su palma el sello
que el alma por disfraz jacintos llama.

Ay, Dios, ¿en qué pensé cuando, dejando
tanta belleza y los mortales viéndolo
perdí lo que pudiera estar gozando?

Mas si el tiempo que perdí me ofendo,
tal prisa, me daré, que en hora amando
venza los años que pasé fingiendo.





SI MIS MANOS PUDIERAN DESHOJAR
de Federico García Lorca

Yo pronuncio tu nombre
en las noches oscuras,
cuando vienen los astros
a beber en la luna
y duermen los ramajes
de las frondas ocultas.
Y yo me siento hueco
de pasión y de música.
Loco reloj que canta
muertas horas antiguas.

Yo pronuncio tu nombre,
en esta noche oscura,
y tu nombre me suena
más lejano que nunca.
Más lejano que todas las estrellas
y más doliente que la mansa lluvia.

¿Te querré como entonces
alguna vez? ¿Qué culpa
tiene mi corazón?
Si la niebla se esfuma,
¿qué otra pasión me espera?
¿Será tranquila y pura?
¡¡Si mis dedos pudieran
deshojar la luna!!




QUEJAS
de Salomé Ureña de Henríquez

Te vas, y el alma dejas
sumida en amargura, solitaria,
y mis ardientes quejas,
y la tímida voz de mi plegaria,
indiferente y frío
desoyes ¡ay! para tormento mío.

¿No basta que cautiva
de fiero padecer entre las redes
agonizante viva?
¡Ay, que mi angustia comprender no pueda,
que mi mal ignoras
cuán lentas son de mi existir las horas!

Sí, que jamás supiste
cual se revuelve en su prisión estrecha,
desconsolado y triste,
el pobre corazón, que en lid deshecha
con su tormento rudo
morir se siente y permanece mudo.

Y en vano, que indiscretos
mis ojos, sin cesar, bajo el encanto
de tu mirar sujetos,
fijo en los tuyos con empeño tanto,
que el corazón desmaya
cuando esa fuerza dominar ensaya.

Deja que pueda al menos
bañándome en su luz beber la vida,
y disfrutar serenos
breves instantes en tu unión querida,
que es para mi amargura
bálsamo de purísima dulzura.

Deja que al vivo acento
que de tus labios encendidos brota,
mi corazón sediento,
que en pos va siempre de ilusión ignora,
presienta enajenado
las glorias todas de tu edén soñado.

¡Ah, si escuchar pudieras
cuanto a tu nombre mi ternura dijo!
¡Si en horas lisonjeras
me fuera dado, con afán prolijo,
contarte sin recelo
todo el delirio de mi amante anhelo!

Mas no, que mi suspiro
comprimo dentro el pecho acongojado.




COLOQUIO AMOROSO
de Santa Teresa de Jesús

Si el amor que a mí me tiene;
Dios, es como el que le tengo,
dígame: ¿en qué me detengo?
o usted, ¿en qué se detiene?

– Alma, ¿qué quieres de mí?
– Dios mío, no más que verte.
– ¿Y qué temes más de ti?
– Lo que más temo es perderte.

Un alma en Dios escondida
¿qué tiene ella que desear
aino amar y más amar
y en amor toda escondida
tornarse nuevo a amar?



SIEMPRE
de Ricardo Jaimes Freyre

¡Tú no sabes cuánto sufro! ¡Tú que has
[puesto mis tinieblas
en mi noche, y amargura más profunda
[en mi dolor!
Tú has dejado, como el hierro que se deja
[en una herida,
en mi oído la caricia dolorosa de tu voz.

Palpitante como un beso; voluptuosa
[como un beso;
voz que halaga y que se queja; voz de ensueño
[y de dolor.
Como sigue el ritmo oculto de los astros el océano,
mi ser todo sigue el ritmo misterioso de tu voz.

¡Oh, me llamas y me hieres! Voy a ti como
{un sonámbulo
con los brazos extendidos en la sombra y el dolor…
¡Tú no sabes cuánto sufro! Cómo aumenta
[mi martirio,
temblorosa y desolada, la caricia de tu voz.

¡Oh, el olvido! El fondo oscuro de la noche
[del olvido
donde guardan los cipreses el sepulcro del dolor.
Yo he buscado el fondo oscuro de la noche
[del olvido,
y la noche se poblaba con los ecos de tu voz…



OJOS CLAROS Y SERENOS
de Gutierre de Cetina

Ojos claros, serenos,
si de un dulce mirar son alabados,
¿por qué, si me miran, miran airados?

Si cuanto más piadosos,
más bellos parecen a quien los mira,
no me miren con ira,
para no parecer menos hermosos.

¡Ay, tormentos rabiosos!
Ojos claros, serenos,
ya que así me miran, mírenme al menos.




SONETO
LXXXVI
de Hernando de Acuña

¡Oh, celos, mal de cien mil males lleno,
daño interior, muy poderoso y fuerte,
peor mil veces que rabiosa muerte,
por bastarte a turbar lo más sereno!

Ponzoñosa serpiente, que en el seño
te crías, donde acabas por hacerte
en próspero sujeto adversa suerte
y en sabroso manjar un cruel veneno.

¿De cuál valle infernal eres salido?
¿Cuál furia te formó?, porque natura
nada formó que no sirviese al hombre.

¿En qué constelación eres nacido?
Porque no sólo mata tu figura,
pues basta a mayor mal sólo tu nombre.




OJOS DIVINOS
de Ángel de Saavedra

Ojos divinos, luz del alma mía,
por primera vez yo los vi enojados;
¡y antes viera los cielos desplomados,
o abierta ante mis pies la tierra fría!

Tener, ¡ay!, compasión de la agonía
en que están mis sentidos sepultados,
al verlos centellantes e indignados
mirarme, ardiendo con fiereza impía.

Perdonen si los agravié; perderlos
temí tal vez, y con mi ruego y llanto
más que obligarlos conseguí ofenderlos;

tengan, tengan piedad de mi quebranto,
que si tornan a fulminante fieros
me hundirán en los reinos del espanto.




CUBRIR LOS BELLOS OJOS
de Gutierre de Cetina


Cubrir los bellos ojos
con la mano que ya me tiene muerto,
cautela fue por cierto;
que así doblar pensaste mis enojos.

Pero de tal cautela
mucho mayor ha sido el bien que el daño,
que el resplandor extraño
del sol se puede ver mientras se cela.

Así que aunque pensaste
cubrir vuestra beldad, única, inmensa,
yo te perdono la ofensa,
pues, cubiertos, mejor verlos dejaste.



SELECCIÓN DE PEQUEÑOS POEMAS
de Rosalía de Castro
(Fragmento)

Como la dura roca
de algún arroyo solitario al pie,
inmóvil y olvidado anhelaría
ya vivir sin amar ni aborrecer.


– Te amo… ¿por qué me odias?
– Te odio… ¿por qué me amas?
Secreto es éste el más triste
y misterioso del alma.


Mas ello es verdad… ¡verdad
dura y atormentadora!
– Me odias, porque te amo;
te amo, porque me odias.





PIDIÉNDOLE PIEDAD AL AMOR
de Luis Carrillo y Sotomayor

Amor, déjame, Amor; queden perdidos
tantos días en ti, por ti gastados;
queden, queden suspiros empleados,
bienes, Amor, por tuyos, ya queridos.

Mis ojos, ya los dejo consumidos
y en sus lágrimas propias anegados;
mis sentidos, ¡oh Amor!, de ti usurpados
queden por tus injurias más sentidos.

Deja que sólo el pecho, cual rendido,
desnudo salga de tu esquivo fuego;
perdido quede, Amor, ya lo perdido:

¡Te mueva – no podrá – Amor cruel, mi ruego!
Más yo sé que te hubiera enternecido
si me vieras, Amor; mas eres ciego.




DE LA ILUSTRE FREGONA
de Miguel de Cervantes Saavedra

¿Con quién sustenta amor?
Con favor.
¿Y con qué calma su furia?
Con la injuria.
¿Antes con desdenes crece?
Desfallece.
Claro que en esto parece
que mi amor será inmortal,
pues la causa de mi mal
ni injuria ni favorece.



LA DESCONFIANZA
de Vicente García de la Huerta

¿Qué es esto, amante corazón rendido?
¿De qué te sirve tan dichoso estado,
si tus penas parece se han doblado
cuando empezaste a ser favorecido?

La imagen horrorosa del olvido
turba mi gloria y crece mi cuidado,
y aun al alma, confieso, ha penetrado,
no celos, un recelo mal nacido.

¡Ay, amor mío, en qué mortal quebranto
despedazado el corazón me siento,
de un temor a la rústica violencia!

Y si sólo un temor me aflige tanto,
cuánto será bien mío mi tormento
si llega este temor a la evidencia.



SONETO
EL NO
de Juan Bautista de Arriaza y Superviela


¡Ay! cuántas veces a tus pies postrado,
en lágrimas el rostro sumergido,
a tus divinos labios he pedido
un sí: ¡cruel! que siempre me has negado.

Y pensando ya ver tu pecho helado
de mi tormento a compasión movido
en vez del sí, ¡ay dolor!, he recibido
un no que mi esperanza ha devorado.

Mas si mi llanto no es de algún provecho,
si contra mí tu indignación descarga,
y si una ley de aniquilarme has hecho,

quítame de una vez pena tan larga,
escóndeme un puñal en este pecho,
y no me des un no que tanto amarga.




III
EL QUE MÁS AMA
de Amado Nervo

Si no te supe yo comprender,
si una lágrima te hice verter,
bien sé que al cabo perdonarás
con toda tu alma… ¡qué vas a hacer!
¡El que más ama perdona más!




TENGO MIEDO A PERDER
de Federico García Lorca


Tengo miedo a perder la maravilla
de tus ojos de estatua, y el acento
que de noche me pone en la mejilla
la solitaria rosa de tu aliento.

Tengo pena de ser en esta orilla
tronco sin ramas; y lo que más siento
es no tener la flor, pulpa o arcilla,
para el gusano de mi sufrimiento.

Si tú eres el tesoro oculto mío,
si eres mi cruz y mi dolor mojado,
si soy el perro de tu señorío,

no me dejes perder lo que he ganado
y decora las aguas de tu río
con hojas de mi otoño enajenado.



LA RECONCILIACIÓN
de Julio Herrera y Reissig

Alucinando los silencios míos,
al asombro de un cielo de extrañeza;
la triste devoción de tu cabeza
aletargó los últimos desvíos.

Con violetas antiguas, los tardíos
perdones de tus ojos mi aspereza
mitigaron. Y entonces la tristeza
se alegró como un llanto de rocíos.

Una profética exhalación de miedos,
entre el menudo refugio de tus dedos,
virtuosamente, el piano interpretaba.

En tanto, desde el místico occidente,
la media luna, al ver que te besaba,

entró al jardín y se durmió en tu frente.

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