EN QUE SATISFACE UN RECELO CON
LA RETÓRICA DEL LLANTO
de Sor Juana Inés de la Cruz
Esta tarde, mi bien, cuando te
hablaba,
como en tu rostro y tus
acciones vía
que con palabras no te
persuadía,
que el corazón me vieses
deseaba;
y Amor, que mis intentos
ayudaba,
venció lo que imposible
parecía:
pues entre el llanto, que el
dolor vertía,
el corazón deshecho destilaba.
Baste ya de rigores, mi bien,
baste:
no te atormenten más celos
tiranos,
ni el vil recelo tu quietud
contraste
con sombras necias, con
indicios vanos,
pues ya en líquido humor viste
y tocaste
mi corazón deshecho entre tus
manos.
NOCTURNO AMOR
de Xavier Villaurrutia
El que nada se oye en esta
alberca de sombra
no sé cómo mis brazos no se
hieren
en tu respiración sigo la
angustia del crimen
y caes en la red que tiene el
sueño
Guardas el nombre de tu
cómplice en los ojos
pero encuentro tus párpados más
duros que el silencio
y antes que compartirlo mataría
el goce
de entregarte en el sueño con
los ojos cerrados
sufro al sentir la dicha con
que tu cuerpo busca
el cuerpo que te vence más que
el sueño
y comparo la fiebre de tus
manos
con mis manos de hielo
y el temblor de tus sienes con
mi pulso perdido
y el yeso de mis muslos con la
piel de los tuyos
que la sombra corroe con su
lepra incurable
Ya sé cuál es el sexo de tu
boca
y lo que guarda la avaricia de
tu axila
y maldigo el rumor que inunda
el laberinto de tu oreja
sobre la almohada de espuma
sobre la dura página de nieve
No la sangre que huyó de mí
como del arco huye la flecha
sino la cólera circula por mis
arterias
amarilla de incendio en mitad
de la noche
y todas las palabras en la
prisión de la boca
y una sed que en el agua del
espejo
sacia su sed con una sed
idéntica
De qué noche despierto a esta
desnuda
noche larga y cruel noche que
ya no es noche
junto a tu cuerpo más muerto
que muerto
que no es tu cuerpo ya sino su
hueco
porque la ausencia de tu sueño
ha matado a la muerte
y es tan grande mi frio que con
un calor nuevo
abre mis ojos donde la sombra
es más dura
y más clara y más luz en la luz
misma
y resucita en mí lo que no ha
sido
y es un dolor inesperado y aún
más frío y más fuego
no ser sino la estatua que
despierta
en la alcoba de un mundo en el
que todo ha muerto.
ASÍ FUE
de Luis G. Urbina
Lo sentí; no fue una
separación, sino un desgarramiento;
quedó atónita el alma, y sin ninguna
luz, se durmió en la sombra del pensamiento.
Así fue; como un gran golpe del viento
en la serenidad del aire. Ufano,
en la noche tremenda,
llevaba yo en la mano
una antorcha con que alumbraba la senda,
y que de pronto se apagó: la oscura
asechanza del mal y el destino
extinguió así la llama y locura.
Vi un árbol a la orilla del camino,
y me senté a llorar mi desventura.
Así fue, caminante
que me contemplas con mirada absorta
y curioso semblante.
Yo estoy cansado, sigue tú adelante;
mi pena es muy vulgar y no te importa.
Amé, sufrí, gocé, sentí el divino
soplo de la ilusión y la locura;
tuve la antorcha, la apagó el destino,
y me senté a llorar mi desventura
a la sombra de un árbol del camino.
RIMAS SACRAS
de Lope de Vega
No
sabe qué es amor quien no te ama,
celestial
hermosura, esposo bello;
tu
cabeza es de oro, y tu cabello
como
el cogollo que la palma enrama;
tu
boca como lirio, que derrama
licor
al alba; de marfil tu cuello;
tu
mano el torno, y en su palma el sello
que
el alma por disfraz jacintos llama.
Ay,
Dios, ¿en qué pensé cuando, dejando
tanta
belleza y los mortales viéndolo
perdí
lo que pudiera estar gozando?
Mas
si el tiempo que perdí me ofendo,
tal
prisa, me daré, que en hora amando
venza
los años que pasé fingiendo.
SI MIS MANOS PUDIERAN
DESHOJAR
de Federico García Lorca
Yo
pronuncio tu nombre
en
las noches oscuras,
cuando
vienen los astros
a
beber en la luna
y
duermen los ramajes
de
las frondas ocultas.
Y
yo me siento hueco
de
pasión y de música.
Loco
reloj que canta
muertas
horas antiguas.
Yo
pronuncio tu nombre,
en
esta noche oscura,
y
tu nombre me suena
más
lejano que nunca.
Más
lejano que todas las estrellas
y
más doliente que la mansa lluvia.
¿Te
querré como entonces
alguna
vez? ¿Qué culpa
tiene
mi corazón?
Si
la niebla se esfuma,
¿qué
otra pasión me espera?
¿Será
tranquila y pura?
¡¡Si
mis dedos pudieran
deshojar
la luna!!
QUEJAS
de Salomé Ureña de
Henríquez
Te
vas, y el alma dejas
sumida
en amargura, solitaria,
y
mis ardientes quejas,
y
la tímida voz de mi plegaria,
indiferente
y frío
desoyes
¡ay! para tormento mío.
¿No
basta que cautiva
de
fiero padecer entre las redes
agonizante
viva?
¡Ay,
que mi angustia comprender no pueda,
que
mi mal ignoras
cuán
lentas son de mi existir las horas!
Sí,
que jamás supiste
cual
se revuelve en su prisión estrecha,
desconsolado
y triste,
el
pobre corazón, que en lid deshecha
con
su tormento rudo
morir
se siente y permanece mudo.
Y
en vano, que indiscretos
mis
ojos, sin cesar, bajo el encanto
de
tu mirar sujetos,
fijo
en los tuyos con empeño tanto,
que
el corazón desmaya
cuando
esa fuerza dominar ensaya.
Deja
que pueda al menos
bañándome
en su luz beber la vida,
y
disfrutar serenos
breves
instantes en tu unión querida,
que
es para mi amargura
bálsamo
de purísima dulzura.
Deja
que al vivo acento
que
de tus labios encendidos brota,
mi
corazón sediento,
que
en pos va siempre de ilusión ignora,
presienta
enajenado
las
glorias todas de tu edén soñado.
¡Ah,
si escuchar pudieras
cuanto
a tu nombre mi ternura dijo!
¡Si
en horas lisonjeras
me
fuera dado, con afán prolijo,
contarte
sin recelo
todo
el delirio de mi amante anhelo!
Mas
no, que mi suspiro
comprimo
dentro el pecho acongojado.
COLOQUIO AMOROSO
de Santa Teresa de Jesús
Si
el amor que a mí me tiene;
Dios,
es como el que le tengo,
dígame:
¿en qué me detengo?
o
usted, ¿en qué se detiene?
–
Alma, ¿qué quieres de mí?
–
Dios mío, no más que verte.
–
¿Y qué temes más de ti?
–
Lo que más temo es perderte.
Un
alma en Dios escondida
¿qué
tiene ella que desear
aino
amar y más amar
y
en amor toda escondida
tornarse
nuevo a amar?
SIEMPRE
de Ricardo Jaimes Freyre
¡Tú
no sabes cuánto sufro! ¡Tú que has
[puesto
mis tinieblas
en
mi noche, y amargura más profunda
[en
mi dolor!
Tú
has dejado, como el hierro que se deja
[en
una herida,
en
mi oído la caricia dolorosa de tu voz.
Palpitante
como un beso; voluptuosa
[como
un beso;
voz
que halaga y que se queja; voz de ensueño
[y
de dolor.
Como
sigue el ritmo oculto de los astros el océano,
mi
ser todo sigue el ritmo misterioso de tu voz.
¡Oh,
me llamas y me hieres! Voy a ti como
{un
sonámbulo
con
los brazos extendidos en la sombra y el dolor…
¡Tú
no sabes cuánto sufro! Cómo aumenta
[mi
martirio,
temblorosa
y desolada, la caricia de tu voz.
¡Oh,
el olvido! El fondo oscuro de la noche
[del
olvido
donde
guardan los cipreses el sepulcro del dolor.
Yo
he buscado el fondo oscuro de la noche
[del
olvido,
y
la noche se poblaba con los ecos de tu voz…
OJOS CLAROS Y SERENOS
de Gutierre de Cetina
Ojos
claros, serenos,
si
de un dulce mirar son alabados,
¿por
qué, si me miran, miran airados?
Si
cuanto más piadosos,
más
bellos parecen a quien los mira,
no
me miren con ira,
para
no parecer menos hermosos.
¡Ay,
tormentos rabiosos!
Ojos
claros, serenos,
ya
que así me miran, mírenme al menos.
SONETO
LXXXVI
de Hernando de Acuña
¡Oh,
celos, mal de cien mil males lleno,
daño
interior, muy poderoso y fuerte,
peor
mil veces que rabiosa muerte,
por
bastarte a turbar lo más sereno!
Ponzoñosa
serpiente, que en el seño
te
crías, donde acabas por hacerte
en
próspero sujeto adversa suerte
y
en sabroso manjar un cruel veneno.
¿De
cuál valle infernal eres salido?
¿Cuál
furia te formó?, porque natura
nada
formó que no sirviese al hombre.
¿En
qué constelación eres nacido?
Porque
no sólo mata tu figura,
pues
basta a mayor mal sólo tu nombre.
OJOS DIVINOS
de Ángel de Saavedra
Ojos
divinos, luz del alma mía,
por
primera vez yo los vi enojados;
¡y
antes viera los cielos desplomados,
o
abierta ante mis pies la tierra fría!
Tener,
¡ay!, compasión de la agonía
en
que están mis sentidos sepultados,
al
verlos centellantes e indignados
mirarme,
ardiendo con fiereza impía.
Perdonen
si los agravié; perderlos
temí
tal vez, y con mi ruego y llanto
más
que obligarlos conseguí ofenderlos;
tengan,
tengan piedad de mi quebranto,
que
si tornan a fulminante fieros
me
hundirán en los reinos del espanto.
CUBRIR LOS BELLOS OJOS
de Gutierre de Cetina
Cubrir
los bellos ojos
con
la mano que ya me tiene muerto,
cautela
fue por cierto;
que
así doblar pensaste mis enojos.
Pero
de tal cautela
mucho
mayor ha sido el bien que el daño,
que
el resplandor extraño
del
sol se puede ver mientras se cela.
Así
que aunque pensaste
cubrir
vuestra beldad, única, inmensa,
yo
te perdono la ofensa,
pues,
cubiertos, mejor verlos dejaste.
SELECCIÓN DE PEQUEÑOS POEMAS
de
Rosalía de Castro
(Fragmento)
Como
la dura roca
de
algún arroyo solitario al pie,
inmóvil
y olvidado anhelaría
ya
vivir sin amar ni aborrecer.
●
–
Te amo… ¿por qué me odias?
–
Te odio… ¿por qué me amas?
Secreto
es éste el más triste
y
misterioso del alma.
●
Mas
ello es verdad… ¡verdad
dura
y atormentadora!
–
Me odias, porque te amo;
te
amo, porque me odias.
PIDIÉNDOLE PIEDAD AL AMOR
de Luis Carrillo y Sotomayor
Amor, déjame, Amor; queden
perdidos
tantos días en ti, por ti
gastados;
queden, queden suspiros
empleados,
bienes, Amor, por tuyos, ya
queridos.
Mis ojos, ya los dejo
consumidos
y en sus lágrimas propias
anegados;
mis sentidos, ¡oh Amor!, de ti
usurpados
queden por tus injurias más
sentidos.
Deja que sólo el pecho, cual
rendido,
desnudo salga de tu esquivo
fuego;
perdido quede, Amor, ya lo
perdido:
¡Te mueva – no podrá – Amor
cruel, mi ruego!
Más yo sé que te hubiera
enternecido
si me vieras, Amor; mas eres
ciego.
DE LA ILUSTRE FREGONA
de Miguel de Cervantes Saavedra
¿Con quién sustenta amor?
Con favor.
¿Y con qué calma su furia?
Con la injuria.
¿Antes con desdenes crece?
Desfallece.
Claro que en esto parece
que mi amor será inmortal,
pues la causa de mi mal
ni injuria ni favorece.
LA DESCONFIANZA
de Vicente García de la Huerta
¿Qué es esto, amante corazón
rendido?
¿De qué te sirve tan dichoso
estado,
si tus penas parece se han
doblado
cuando empezaste a ser
favorecido?
La imagen horrorosa del olvido
turba mi gloria y crece mi
cuidado,
y aun al alma, confieso, ha
penetrado,
no celos, un recelo mal nacido.
¡Ay, amor mío, en qué mortal
quebranto
despedazado el corazón me
siento,
de un temor a la rústica
violencia!
Y si sólo un temor me aflige
tanto,
cuánto será bien mío mi
tormento
si llega este temor a la
evidencia.
SONETO
EL NO
de Juan Bautista de Arriaza y
Superviela
¡Ay! cuántas veces a tus pies
postrado,
en lágrimas el rostro
sumergido,
a tus divinos labios he pedido
un sí: ¡cruel! que siempre me
has negado.
Y pensando ya ver tu pecho
helado
de mi tormento a compasión
movido
en vez del sí, ¡ay dolor!, he
recibido
un no que mi esperanza ha
devorado.
Mas si mi llanto no es de algún
provecho,
si contra mí tu indignación
descarga,
y si una ley de aniquilarme has
hecho,
quítame de una vez pena tan
larga,
escóndeme un puñal en este
pecho,
y no me des un no que tanto
amarga.
III
EL QUE MÁS AMA
de Amado Nervo
Si
no te supe yo comprender,
si
una lágrima te hice verter,
bien
sé que al cabo perdonarás
con
toda tu alma… ¡qué vas a hacer!
¡El
que más ama perdona más!
TENGO MIEDO A PERDER
de Federico García Lorca
Tengo miedo a perder la
maravilla
de tus ojos de estatua, y el
acento
que de noche me pone en la
mejilla
la solitaria rosa de tu
aliento.
Tengo pena de ser en esta
orilla
tronco sin ramas; y lo que más
siento
es no tener la flor, pulpa o
arcilla,
para el gusano de mi
sufrimiento.
Si tú eres el tesoro oculto
mío,
si eres mi cruz y mi dolor
mojado,
si soy el perro de tu señorío,
no me dejes perder lo que he
ganado
y decora las aguas de tu río
con hojas de mi otoño
enajenado.
LA RECONCILIACIÓN
de Julio Herrera y
Reissig
Alucinando
los silencios míos,
al
asombro de un cielo de extrañeza;
la
triste devoción de tu cabeza
aletargó
los últimos desvíos.
Con
violetas antiguas, los tardíos
perdones
de tus ojos mi aspereza
mitigaron.
Y entonces la tristeza
se
alegró como un llanto de rocíos.
Una
profética exhalación de miedos,
entre
el menudo refugio de tus dedos,
virtuosamente,
el piano interpretaba.
En
tanto, desde el místico occidente,
la
media luna, al ver que te besaba,
entró
al jardín y se durmió en tu frente.
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