LA NEGRA NOCHE
de Emilio D. Uranga
La negra noche tendió su manto,
surgió la niebla, murió la luz;
y en las tinieblas de mi alma
triste,
como una estrella, brotaste tú.
Ven, ilumina la árida senda,
por donde vaga loca ilusión.
Dame tan sólo una esperanza
que fortifique mi corazón.
Ya veo que asoma tras la
ventana
tu rostro de ángel encantador.
Siento la dicha: dentro del
alma
ya no hay tinieblas, ya salió
el sol.
AQUEL OLOR…
de Amado Nervo
Era un ‘amiczia “di terra lintana”
Gabriele D’Annunzio
¿En qué cuento te leí?
¿En qué sueño te soñé?
¿En qué planeta te vi
antes de mirarte aquí?
¡Ah! ¡No lo sé… no lo sé!
Pero brotó nuestro amor
con un antiguo fervor,
y hubo, al tendernos la mano,
cierta emoción anterior,
venido de lo lejano.
Tenía nuestra amistad
desde el comienzo un cariz
de otro sitio, de otra edad,
y una familiaridad
de indefinible matiz…
Explique alguien (si lo osa)
el hecho, y por qué, además,
de tus caricias de diosa
me queda una misteriosa
esencia sutil de rosa
que viene de un siglo atrás.
ENVÍO
de Manuel José Othón
En tus aras quemé mi último incienso
y deshojé mis
postrimeras rosas.
Do se alzaban los templos de mis diosas
ya sólo queda el arenal inmenso.
Quise entrar en tu alma, y ¡qué descenso!
¡qué andar por entre ruinas y entre fosas!
¡A fuerza de pensar en tales cosas
me duele el pensamiento cuando pienso!
¡Pasó!... ¿Qué resta ya de tanto y tanto
deliquio? En ti ni la moral dolencia,
ni el dejo impuro, ni el sabor del llanto.
Y en mí ¡qué hondo y tremendo cataclismo!
¡qué sombra y qué pavor en la conciencia,
y qué horrible disgusto de mí mismo!
QUE SEA PARA BIEN…
de Ramón López Velarde
Ya no puedo dudar… Diste muerte
a mi cándida
niñez, toda olorosa a
sacristía, y también
diste muerte al liviano chacal
de mi cartuja.
Que sea para bien…
Ya no puedo dudar… Consumaste
el prodigio
de, sin hacerme daño, sustituir
mi agua clara
con un licor de uvas… Y yo bebo
el licor que tu mano me depara.
Me revelas la síntesis de mi
propio zodíaco:
el León y la Virgen. Y mis ojos
te ven
apretar en los dedos – como un
haz de centellas –
éxtasis y placeres. Que sea
para bien…
Tu palidez denuncia que en tu
rostro
se ha posado el incendio y ha
corrido la lava…
Día último de marzo; emoción,
aves, sol…
Tu palidez volcánica me agrava.
¿Ganaste ese prodigio de pálida
vehemencia
al huir, con un viento de
ceniza,
de una ciudad en llamas? ¿O
hiciste penitencia
revolcándote encima del
desierto? ¿O, quizá,
te quedaste dormida en la
vertiente
de un volcán, y la lava corrió
sobre tu boca
y calcinó tu frente?
¡Oh, tú, reveladora, que traes
un sabor
cabal para mi vida, y la
entusiasmas:
tu triunfo es sobre un motín de
satiresas
y un coro plañidero de
fantasmas!
Yo estoy en la vertiente de tu
rostro, esperando
las lavas repentinas que me den
un fulgurante goce. Tu
victorial y pálido
prestigio ya me invade… ¡Que
sea para bien!
PARAÍSO ENCONTRADO
de Jorge Cuesta
Piedad no pide si la muerte
habita
y en las tinieblas insensibles
yace
la inteligencia lívida, que
nace
sólo en la carne estéril y
marchita.
En el otro orbe en que el
placer gravita,
dicha tenga la vida y que la enlace,
y de ella enamorada que rehace
el sueño en que la muerte azul
medita.
Sólo la sombra sueña, y su
desierto,
que los hielos recubren y
protegen,
es el edén que acoge al cuerpo
muerto
después de que las águilas lo
dejan.
Que ambos tienen la vida sustentada,
el ser, en gozo, y el placer,
en nada.
MI AMOR ESTABA GUARDADO
de Neftalí Beltrán
Mi amor estaba guardado
– siete torres de silencio
guardadas con siete llaves
y siete dragones ciegos –
por tus ojos amarillos
en el corazón, adentro.
Tus ojos fueron un día
causa de un amor eterno.
Romance para tus ojos,
para tus ojitos ciegos
que no vieron nunca el alma,
que sólo vieron el cuerpo.
En ti acabó al iniciarse,
en mí quedó vivo el fuego
y una ternura infinita
quedó para el amor muerto.
La resignación no llega
y hay que esperarla en
silencio.
Romance para tus ojos,
para tus ojitos ciegos.
YARAVÍ
de Mariano Melgar
¡Ay,
amor!, dulce veneno,
¡ay,
tema de mi delirio,
solicitado
martirio
y
de todos males lleno!
¡Ay,
amor!, lleno de insultos,
centro
de angustias mortales,
donde
los bienes son males
y
los placeres tumultos.
¡Ay,
amor!, ladrón casero
de
la quietud más estable!
¡Ay,
amor, falso y mudable!,
¡Ay,
que por tu causa muero!
¡Ay,
amor!, glorioso infierno
y
de infernales injurias,
león
de celosas furias,
disfrazado
de cordero.
¡Ay,
amor!, pero ¿qué digo,
que
conociendo quién eres,
abandonando
placeres,
soy
yo quien a ti te sigo?
RIMAS PARA TUS OJOS
de Federico Bermúdez y
Ortega
(Fragmento)
He
visto fuegos fatuos en las noches
cruzar
el tedio de la sombra opaca,
fingiendo
en el misterio de las sombras
como
brillante lágrimas de plata.
Lo
que no he visto ni en el cielo mismo,
en
el encanto de sus noches claras,
es
el prodigio de la luz que emerge
de
tu pupila misteriosa y rara.
LOS OJOS DE T.
de José Gautier Benítez
Un
astrónomo viendo las estrellas
preguntó
la razón
de
por qué le faltaban las más bellas
a
una constelación.
En
vano ¡el infeliz! se fatigaba
queriéndolas
hallar,
y
del cielo a la bóveda miraba
¡qué
habría de encontrar!
Cansado
de mirar al firmamento
a
tus ojos miró.
“¡Por
fin!”, exclama, y se marchó contento
pues
entonces las vio.
XXVI
SONETO SOBRE LA RED DE
AMOR
de Hernando de Acuña
Dígame
quién lo sabe: ¿cómo es hecha
la
red de Amor, que a tanta gente prende?
¿Y
cómo, habiendo tanto que la tiende,
no
está del tiempo ya rota o deshecha?
¿Y
cómo es hecho el arco que Amor flecha,
pues
hierro ni valor de él se defiende?
¿Y
cómo o dónde halla, o quién le vende,
de
plomo, plata y oro tanta flecha?
Y
si dicen que es niño, ¿cómo viene
a
vencer los gigantes? Y si es ciego,
¿cómo
toma al tirar cierta la mira?
Y
si, como se escribe, siempre tiene
en
una mano el arco, en otra el fuego,
¿cómo
tiene la red y cómo tira?
LO MÁS INMATERIAL
de Amado Nervo
Me
dejaste – como ibas de pasada –
lo
más inmaterial que es tu mirada.
Yo
te dejé – como iba tan de prisa –
lo
más inmaterial, que es mi sonrisa.
Pero
entre tu mirada y mi risueño
rostro
quedó flotando el mismo sueño.
EN CADA CORAZÓN
de Juan de Dios Peza
En
cada corazón arde una llama
si
aún vive la ilusión y amor impera,
pero
en mi corazón desde que te ama
sin
que viva ilusión, arde una hoguera.
Oye
esta confesión: te amo con miedo,
con
el miedo del alma a tu hermosura,
y
te traigo a mis sueños y no puedo
llevarte
más allá de mi amargura.
AMOR
de Manuel Magallanes
Moure
Amor
que vida pones en mi muerte
como
una milagrosa primavera:
ido
ya te creía, porque en la espera,
amor,
desesperaba de tenerte.
Era
el sueño tan largo y tan inerte,
que
si con vigor tanto no sintiera
tu
renacer, dudara, y te creyera,
amor,
sólo un engaño de la suerte.
Mas
te conozco bien, y tan sabido
mi
corazón, te tiene, que, dolido,
sonríe
y quiere huirte y no halla modo.
Amor
que tornas, entra. Te aguardaba.
Temía
tu regreso, y lo deseaba.
Toma,
no pidas, porque tuyo es todo.
IX
PERO TE AMO
de Amado Nervo
Yo
no sé nada de la vida,
yo
no sé nada del destino,
yo
no sé nada de la muerte,
¡pero
te amo!
Según
la buena lógica, tú eres luz extinguida;
mi
devoción es loca, mi culto, desatino,
y
hay una insensatez infinita en quererte,
¡pero
te amo!
ANOCHE SOÑANDO
de Juan de Dios Peza
Anoche
soñando que tú me querías
vi
a un ángel del cielo tranquilo bajar,
y
luego juntaba tu mano a las mías
y
yo te miraba y tú me decías:
“con
todo mi pecho te voy a adorar”.
¡Qué
vas a adorarme!, mentira, mentira
yo
soy la desgracia, sin luz y sin fe…
y
entonces el ángel solloza, suspira…
y
al irse hasta el cielo, sonriendo te mira,
y
luego… llorando de amor desperté.
GLOSA DE MI TIERRA
de Alfonso Reyes
(Fragmento)
Amapolita
morada
del
valle donde nací:
si
no estás enamorada,
enamórate
de mí.
COPLAS
de Salvador Rueda
3
Tiro
un cristal contra el suelo
y
se rompe en mil cristales,
quiero
borrarte del pecho
y
te miro en todas partes.
7
Aprovecha
tus abriles
y
ama al hombre que te quiera,
mira
que el invierno es largo
y
corta la primavera.
8
Para
alcanzar las estrellas
ronda
el cisne la laguna;
en
el mar de los amores
yo
soy cisne y tú eres luna.
9
A
la luz de tu mirada
despido
mis penas todas,
como
a la luz de los astros
la
hoja despide la sombra.
12
Cuando
eche mi cuerpo flores
sólo
una cosa te pido,
que
las pongas en el pecho
donde
no pude estar vivo.
17
Tengo
los ojos rendidos
de
tanto mirar tu cara,
si
los cierro, no es que duermen,
es
tan sólo que descansan.
18
Tus
ojos son un delito
negro
como las tinieblas,
y
tienes para ocultarlo
bosques
de pestañas negras.
EL AMOR NUEVO
de Amado Nervo
Todo amor nuevo que aparece
nos ilumina la existencia,
nos la perfuma y enflorece.
En la más densa oscuridad
toda mujer es refulgencia
y todo amor es claridad.
Para curar la pertinaz,
pena, en las almas escondida,
un nuevo amor es eficaz;
porque se posa en nuestro mal
sin lastimar nunca la herida,
como un destello en un cristal.
Como un ensueño en una cuna,
como se posa ya en la ruina
la piedad del rayo de la luna;
como un encanto en un hastío,
como en la punta de una espina
una gotita de rocío…
¿Qué también sabe hacer sufrir?
¿Qué también sabe hacer llorar?
¿Qué también sabe hacer morir?
– Es que tú no supiste amar…
CANCIÓN
4
de Juan Boscán
Es
tal y tan verdadera
mi
pena por conocerte
que,
si menos te quisiera,
yo
quisiera no quererte.
Que
un nuevo caso de amor
ordenas
que en mí comience:
combatirme
el desamor,
adonde
el amor me vence.
No
es mucho, pues tan entera
es
mi pena en conocerte,
que,
si menos te quisiera,
yo
quisiera no quererte.
ESCALA DE AMOR
de Jorge Manrique
Estando
triste, seguro,
mi
voluntad reposaba,
cuando
escalaron el muro
en
donde libre yo estaba:
a
escala vista subieron
tu
belleza y tu mesura,
y
tan recio me hirieron,
que
vencieron mi cordura.
Luego
todos mis sentidos
huyeron
a lo más fuerte,
mas
iban ya mal heridos
con
sendas llagas de muerte;
y
mi libertad quedó
en
tu poder oprimida;
pero
placer tuve yo
al
saber que estaba viva.
Mis
ojos fueron traidores,
ellos
fueron complaciente,
y
fueron provocadores
de
que entrase aquella gente;
las
altas torres tenían,
y
nunca dijeron nada
de
todo lo que veían,
ni
aviso de la escalada.
Desde
que hubieron entrado,
aquellos
escaladores
me
abrieron por el costado,
y
allí entraron tus amores;
y
mi firmeza tomaron,
y
mi corazón prendieron,
y
mis sentidos robaron,
y
a mí sólo no quisieron.
(…)
¡Qué
gran fechoría hicieron
mis
ojos, y qué traición:
por
una vez que te vieron,
venderte
mi corazón!
Pues
traición tan conocida
ya
les complacía hacer,
vendieran
mi triste vida
teniendo
en ello placer;
por
el mal que cometieron
no
tienen ellos perdón
¡por
una vez que te vieron
venderte
mi corazón!
CANTOS
DE VIDA Y ESPERANZA
de
Rubén Darío
(Fragmento)
(…)
En
mi jardín se vio una estatua bella;
se
juzgó mármol y era carne viva;
un
alma joven habitaba en ella,
sentimental,
sensible, sensitiva.
Y
tímida ante el mundo, de manera
que,
encerrada en silencio, no salía
sino
cuando en la dulce primavera
era
la hora de la mediodía…
Hora
de ocaso y de discreto beso;
hora
crepuscular y de retiro;
hora
de madrigal y de embeleso;
de
“te adoro”, de “ay” y de suspiro.
SONETO
25
de Pablo Neruda
Antes de amarte, amor, nada era
mío:
vacilé por las calles y las
cosas:
nada contaba ni tenía nombre:
el mundo era del aire que
esperaba.
Yo conocí salones cenicientos,
túneles habitados por la luna,
hangares crueles que se
despedían,
preguntas que insistían en la
arena.
Todo estaba vacío, muerto y
mudo,
caído, abandonado y decaído,
todo era inalienablemente
ajeno,
todo era de los otros y de
nadie,
hasta que tu belleza y tu
pobreza
llenaron el otoño de regalos.
CANCIÓN
16
de Juan del Encina
Si supiese contentarte
como sé saber quererte,
yo tendría, sin
perderte,
esperanza de ganarte.
Al verte fui tan de ti
que ninguna cosa sé
sino tener en ti fe
sin saber parte de mí.
Así que, si al
contentarte
supiese como quererte,
yo tendría, sin perderte
esperanza de ganarte.
DESCRIBE RACIONALMENTE LOS
EFECTOS IRRACIONALES DEL AMOR
de Sor Juana Inés de la Cruz
Este amoroso tormento
que en mi corazón se ve,
sé que lo siento, y no sé
la causa porque lo siento.
Siento una grave agonía
por lograr un devaneo,
que empieza como deseo
y pára en melancolía.
Y cuando con más terneza
mi infeliz estado lloro,
sé que estoy triste e ignoro
la causa de mi tristeza.
Siento un anhelo tirano
por la ocasión a que aspiro,
y cuando cerca lo miro
yo mismo aparto la mano.
Porque, si acaso se ofrece,
después de tanto develo,
la desazona el recelo
o el susto la desvanece.
Y si alguna vez sin susto
consigo tal posesión,
cualquiera leve ocasión
me malogra todo el gusto.
Siento mal del mismo bien
con receloso temor,
y me obliga el mismo amor
tal vez a mostrar desdén.
Cualquier leve ocasión labra
en mi pecho, de manera,
que el que imposibles venciera
se irrita de una palabra.
Con poca causa ofendida,
suelo, en mitad de mi amor,
negar un leve favor
a quien le diera la vida.
Ya sufrida, ya irritada,
con contrarias penas lucho:
que por él sufriré mucho,
y con él sufriré nada.
No sé en qué lógica cabe
el que tal cuestión se pruebe:
que por él lo grave es leve,
y con él lo leve es grave.
Sin bastantes fundamentos
forman mis tristes cuidados,
de conceptos engañados, un
monte de sentimientos;
y en aquel fiero conjunto
hallo, cuando se derriba,
que aquella máquina altiva
sólo estribaba en un punto.
Tal vez el dolor me engaña
y presumo, sin razón,
que no habrá satisfacción
que pueda templar mi saña;
y cuando a averiguar llego
el agravio porque riño,
es como espanto de niño
que pára en burlas y juego.
Y aunque el desengaño toco,
con la misma pena lucho,
de ver que padezco mucho
padeciendo por tan poco.
A vengarse se abalanza
tal vez el alma ofendida;
y después, arrepentida,
toma de mí otra venganza.
Y si al desdén satisfago,
es con tan ambiguo error,
que yo pienso que es rigor
y se remata en halago.
Hasta el labio desatento
suele, equívoco, tal vez,
por usar de la altivez
encontrar el rendimiento.
Cuando por soñada culpa
con más enojo me inicito,
yo le acrimino el delito
y le busco la disculpa.
No huyo el mal ni busco el
bien:
porque, en mi confuso error,
ni me asegura el amor
ni me despecha el desdén.
En mi ciego devaneo,
bien hallada con mi engaño,
solicito el desengaño
y no encontrarlo deseo.
Si alguno mis quejas oye,
más a decirlas me obliga
porque me las contradiga,
que no porque las apoye.
Porque si con la pasión
algo contra mi amor digo,
es mi mayor enemigo
quien me concede razón.
Y si acaso en mi provecho
hallo la razón propicia,
me embaraza la justicia
y ando cediendo el derecho.
Nunca hallo gusto cumplido,
porque, entre alivio y dolor,
hallo culpa en el amor
y disculpa en el olvido.
Esto de mi pena fura
es algo del dolor fiero;
y mucho más no refiero
porque pasa de locura.
Si acaso me contradigo
en este confuso error,
aquel que tuviere amor
entenderá lo que digo.
LO QUE YO QUIERO
de Almafuerte
I
Quiero
ser las dos niñas de tus ojos,
las
metálicas cuerdas de tu voz,
el
rubor de tu sien cuando meditas
y
el origen tenaz de tu rubor.
Quiero
ser esas manos invisibles
que
manejan por sí la creación,
y
formar con tus sueños y los míos
otro
mundo mejor para los dos.
Eres
tú, providencia de mi vida,
mi
sostén, mi refugio, mi caudal;
cual
si fueras mi madre, yo te amo…
¡y
todavía más!
II
Tengo
celos del sol porque te besa
con
sus labios de luz y de calor…
¡del
jazmín tropical y del jilguero
Que
decoran y alegran tu balcón!
Mando
yo que ni el aire te sonría:
ni
los astros, ni el ave, ni la flor,
ni
la fe, ni el amor, ni la esperanza,
ni
ninguno, ni nada más que yo.
Eres
tú, soberana de mis noches,
mi
constante, perpetuo cavilar:
ambiciono
tu amor como la gloria…
¡y
todavía más!
III
Yo
no quiero que alguno te consuele
si
me mata la fuerza de tu amor…
¡si
me matan los besos insaciables,
fervorosos,
ardientes que te doy!
Quiero
yo que te invadan las tinieblas,
cuando
ya para mí no salga el sol.
Quiero
yo que defiendas mis despojos
del
más breve ritual profanador.
Quiero
yo que me llames y conjures
sobre
labios y frente, y corazón.
Quiero
yo que sucumbas y enloquezcas…
¡loca
sí; muerta sí, te quiero yo!
Mi
querida, mi bien, mi soberana,
mi
refugio, mi sueño, mi caudal,
mi
laurel, mi ambición, mi santa madre…
¡y
todavía más!
Muy buen trabajo, lo felicito, sólo que le hubiera puesto nombre a la persona requerida :)
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